En el río Sonora, en México; en la cordillera de San Juan, en Argentina; y en los cerros de Penco, en Chile, la transición energética tiene una cara que no aparece en los acuerdos entre potencias: la de territorios que viven donde están los minerales que el mundo necesita. Mientras Estados Unidos y China se disputan el control de los recursos críticos de América Latina, son los vecinos de estas tres zonas quienes enfrentan en su cotidiano los costos de un modelo que los excluye de las decisiones pero no de las consecuencias.