La norma de emisión para termoeléctricas en Chile, aprobada en 2025, permitía a Guacolda operar con límites de contaminación hasta un 75% más laxos que el resto. La empresa lo consiguió prometiendo reconvertirse a co-combustión de carbón y amoníaco verde. Sin embargo, sus propios estudios indican que ésta solo tendría sentido económico si la central opera hasta 2050, diez años más allá del compromiso de cierre del uso de carbón para generar energía. El decreto fue, sin embargo, retirado por la administración Kast antes de entrar en vigencia. Mientras tanto, Huasco sigue respirando la contaminación de Guacolda.