Salud y alimentación
Economía

Regenerar la producción de alimentos: además de saludable, por qué la agroecología es más rentable que el modelo dependiente de químicos

La relación entre el actual modelo agropecuario y la inflación argentina. Su solución: la vuelta de los campesinos al campo.

Argentina es un país asediado por la inflación y una de las causas de este fenómeno radica en la tierra, en la producción de alimentos. El actual modelo agropecuario es dependiente del dólar, los combustibles fósiles y las importaciones. Desde hace 25 años, los campos reciben cada vez más agroquímicos y van perdiendo fertilidad, al mismo tiempo que los pueblos rurales sufren más y distintos problemas de salud como el cáncer por estas fumigaciones. Crónica de un modelo inviable, pero con una solución palpable: la agroecología.

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En contacto con Carbono News, el director nacional de Agroecología de la Nación, Eduardo Cerdá, el productor de harina agroecológica "La Pachita Orgánica", Pablo Aranda, y el productor frutihortícola de la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT), Elías Amador, contaron sus experiencias agroecológicas y demostraron que no solo es más saludable producir de esta manera para la tierra, sino que también es más rentable y sostenible.

Primero, los datos. La invasión de Rusia a Ucrania está causando estragos en todo el mundo. Uno de ellos es el aumento del trigo (un commodity). Este alimento clave creció un 40%, pero en la Argentina, los precios del pan escalaron un 50%.

Quien mal anda...

"Nosotros en los ?90 decíamos que, de seguir así, usando agroquímicos, los productores iban a necesitar cada vez más fertilizantes para sostener los rendimientos. Si bien algunos aumentaron sus ganancias un poco y hubo quienes hasta las duplicaron, los costos se cuadruplicaron y ni hablar ahora por la suba del gas y del petróleo por haber faltante. En ese entonces, ya decíamos que lo lógico era que el petróleo subiera y que, por lo tanto, una agricultura basada en sostenerse con el uso de agroquímicos no iba a ser viable en el tiempo. Y bueno, eso está pasando", señaló Eduardo Cerdá a este medio.

                      Eduardo Cerdá (Gentileza)

Además, dijo que la mayoría de los principios activos de los agroquímicos son importados y que, por eso, están atados al precio del dólar. "Requieren un uso muy alto de energía para producirlos y tienen incorporado el costo su desarrollo más el costo de importación, de venta, de ganancias y de intermediación. Siempre aumentan los costos", agregó.

Hay cultivos que están asociados con el dólar porque se exportan (como la soja), pero en los casos que también tienen un fuerte mercado interno, como la leche, los productores se ven afectados porque el pago es en pesos y no llegan a cubrir los costos de los insumos importados ni del combustible de los tractores que utilizan en el campo, entre otros. "Eso es algo que hay que trabajar para encontrar la solución, para que podamos tener alimentos en la mesa de los argentinos y a precios accesibles de acuerdo a lo que está ganando la gente, pero que también se pueda exportar y se pueda recibir ese ingreso a un valor importante para el país y para los productores", sumó.

"Muchas veces los productores tienen que cambiar de actividad, dejar los campos, darlos en arrendamiento. En los últimos 25 años, 100.000 productores se tuvieron que ir de sus tierras. Este modelo tiene mucha fragilidad y una de las cosas que no trabaja es que no prevé", destacó el director nacional de Agroecología.

Según el último Censo Nacional Agropecuario (2018), el 1% de las explotaciones agropecuarias concentra el 36% de las tierras fértiles del país. Por lo tanto, cada vez más cantidad de hectáreas (ha) se concentran en pocas manos y los pequeños y medianos productores no solo quedan en desventaja, sino que muchos tuvieron que abandonar sus campos ya que no podían mantenerlos.

El trabajo de Pablo es casi artesanal. Produce 1500 kilos de harina al mes, lo que una máquina industrial hace en una hora (Gentileza)

Pablo Aranda es productor de harina agroecológica "La Pachita Orgánica". Tiene un molino en su campo en Chivilcoy donde muele los granos que son comprados a campesinos que no utilizan agroquímicos en su cultivo. "El destino de mi harina es darles de comer a las familias un producto de calidad nutricional altísima", dijo.

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Teniendo la experiencia de este trabajo casi manual que realiza, explica por qué solo para los grandes productores es posible tener ganancias con un modelo que utiliza venenos:

"Hay que mover mucho volumen para ganar. El movimiento rural agrario grande es también una forma de apropiarse de las tierras ya que a los pequeños productores (que usan ese modelo) se les hace muy difícil y se tienen que ir".

Pablo Aranda es productor de harina agroecológica "La Pachita Orgánica". En la foto, su papá (Gentileza)

En este sentido, a los grandes productores les es fácil continuar de esta manera porque pueden vivir en un departamento de lujo en Puerto Madero, mientras que con un llamado cuidan sus campos. Eduardo Cerdá detalló que pueden contratar a un técnico que recorra varias hectáreas para controlar e ir llamando a quienes se requiera, de manera tercerizada: a un ingeniero agrónomo para que decida qué aplicar, a alguien que vaya con máquinas a fumigar, a una sembradora, a una empresa que vuelva a fertilizar y aplicar herbicidas, a una cosechadora, etc. "Es un modelo más simple, en cambio la agroecología tiene que poner en juego más conceptos", añadió.

Además, explicó que muchos (pequeños) productores "no pueden discernir si esa tecnología (agroquímicos, maquinarias) es para ellos" y por eso terminan comprándola y endeudándose. Para Cerdá, es esencial que la agroecología sea fomentada a través del Estado, de las universidades y del INTA. "Todo esto es de mediano a largo plazo y hay que entender que poco a poco se está avanzando", concluyó.

Regenerar: la vuelta al campo

"Tenemos que encontrar la solución para no seguir perdiendo productores, para mantener un arraigo del productor en su lugar, en su campo y que su familia pueda desarrollarse ahí", dijo el director de Agroecología de la Nación. "Hay que trabajar una serie de principios agroecológicos para cada establecimiento para utilizar cultivos que den fertilidad y asociarlos entre ellos para evitar tener problemas de malezas y no tener que usar agroquímicos", declaró.

Pero la ventaja económica es aún más grande, según detalló Pablo Aranda: "volver a la agroecología, a la agricultura regenerativa, es volver al valor de la palabra, a requerir mucha mano de obra porque necesita mucho más trabajo y, también, implica descentralizar el tema de la comida".

Habiendo tantas experiencias positivas, ¿por qué aún no sucede este cambio "a gran escala"? No es tan fácil como parece: la tierra acostumbrada a absorber agroquímicos no se recupera de un día para el otro con biopreparados (es decir, herbicidas, plaguicidas y fertilizantes, entre otros, elaborados con elementos naturales que no generan daños) y ese lapso puede ser hasta de dos años para que te dé buenos resultados. ¿Y mientras tanto, cómo se mantiene esa familia en el campo si no puede tener buenas cosechas?

"Pasarte al orgánico es muy complejo si no tenés un respaldo económico. La tierra está super adicta porque trabajar tantos años así. Se necesita tiempo y energía para regenerar la tierra, los lazos".

Este proceso de cambio, el productor de harina agroecológica aseguró que es maravilloso: "Además, de esta forma captura el carbono que se puso en el aire y lo vuelve a dejar en tierra. Con eso, la tierra es más fértil y brinda un mejor alimento. Es un ciclo hermoso, pero muy dificil de ponerlo en marcha porque no está el conocimiento, se perdió gran parte de él".

Elías Amador, productor de la UTT en La Plata, alquila desde hace 10 años el lugar donde vive y trabaja. Él vivió en carne propia el paso del agronegocio a la agroecología. Por eso, conoce el "miedo de perder esa cosecha porque por ahí no la podés recuperar".

"Producir a gran escala de manera agroecológica es como volver a aprender a caminar desde niño" (Foto: UTT)

"Empezamos a ver el suelo que estaba mal, blanco, lleno de químicos, y empezamos desintoxicarlo, como si fuera un drogadicto", contó sobre su traspaso a la agroecología que, hoy en día, lo hace vivir sin miedos y feliz: "No hay límites para producir. Los que dicen que no se puede hacer en grandes cantidades porque se llena de bichos es mentira, ya que es todo un aprender, hay que aprender a sembrar de manera que se asocien los cultivos, es como imitar un bosque en tu tierra", destacó.

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"Antes también nos decían que no se puede producir en grandes cantidades, que eso es para gente de plata, pero nos dimos cuenta que no era así, que está en nuestras manos poder cambiar esa realidad. Antes ponía de todo y fumigaba todo y de esa manera mis hijos y mi esposa embarazada no podían pasar por allí y además, al año siguiente nos veíamos sin un peso por los aumentos de precios. Todo lo que ganábamos lo volvíamos a reinvertir en agroquímicos. Además, era el consumidor final el que pagaba todo de alguna manera y a nosotros nos quedaban migajas, mientras que los intermediarios ganaban", dijo.

"Producir a gran escala de manera agroecológica es como volver a aprender a caminar desde niño", concluyó Amador.

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