Recursos naturales
Navíos abandonados

El puerto de Mar del Plata, una postal de la decadencia: el cementerio de barcos que puede volverse una "bomba ecológica"

Mientras debatimos a viva voz sobre la explotación offshore de YPF y compañías extranjeras frente a las costas argentinas, el puerto del bello balneario se halla en el centro de una polémica ambiental.

En los muelles de Mar del Plata se pueden contar más de una treintena de buques abandonados que representan una grave amenaza. Varios de ellos no navegan desde hace, al menos, dos décadas. Sus licencias fueron traspasadas a unidades mucho más modernas y eficientes de las mismas compañías propietarias. Las naves semi hundidas no tienen sereno, ni nadie que las cuide, como mandan las normas que rigen la marina mercante.

El puerto dejó de ser el que más tonelaje de pescado mueve en el país debido a un fuerte traslado de la flota marplatense hacia la Patagonia, más cerca de los cardúmenes. Las instalaciones marplatenses de una industria que exporta el 90% de lo que captura se parecen cada vez más al Riachuelo porteño en sus peores momentos. Los buques olvidados se mezclan con los operativos que salen a pescar calamar o langostino. Como en un estacionamiento de autos, para que las naves que están operativas puedan salir, deben moverse en bloque entre varias unidades inactivas.

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Desde el consorcio portuario público-privado que administra este embarcadero, se promete cada tanto que harán un "plan de desguace para eliminar los barcos excedentes en un breve plazo". Sin embargo, los vaticinios jamás se materializan. La Prefectura Naval Argentina realizó varios videos mostrando este abandono.

El oficial de Marina Mercante e investigador naval, Roberto Maturana, se presentó en la justicia local y denunció que estos navíos infortunados despiden todo tipo de contaminantes peligrosos, según quedó documentado por auditorías de la Prefectura Naval Argentina. Las aguas y los lodos del espejo interior donde se hacen las maniobras internas confluyen luego en el mar abierto. Irremediablemente, la suciedad llega hasta las playas donde, cada año, veranean cientos de miles de turistas.

Consultado por Carbono.news, Maturana explicó: "Los continuos dragados y los desguaces deberían contar con un Estudio de Impacto Ambiental. Las dragas ni siquiera tienen caudalímetros para saber cuánto dragaron por día. Entonces, nunca sabremos cuánto material del lecho marino están removiendo. Padecemos todo tipo de agresión a un ecosistema que luce bastante amenazado: vertidos mezcla de hidrocarburos y agua en la sentina, metales pesados, aceite hidráulico, amianto de las salidas de escape del motor principal, motor auxiliar y circuitos de agua caliente; chatarra oxidada descartada, cables en desuso, tableros desechados, polietileno, bidones, tambores, residuos domiciliarios y electrónicos. Todo termina en el Atlántico sin ningún tipo de tratamiento".

¿Cuál es el destino del barro removido desde el lecho marino por dragado?

Quedaron desde hace varios años más de 300 toneladas de residuos en una suerte de silo bolsas. Se los llama geotubos. Deberían ser erradicados, pero costaría unos diez millones de dólares transportarlos y volverlos estériles en plantas habilitadas para ello por la Ley 24.951 de Residuos Especiales.

¿Cuál sería, entonces, la solución definitiva para un problema de tan larga data?

Según el investigador, "los buques deben ser subidos a dique seco para ser luego desguazados. Toda esta gestión de descontaminación debe contar con un Estudio de Impacto Ambiental. Recordemos que el Puerto de Mar del Plata carece, precisamente, de habilitación ambiental. Estas bombas ambientales en potencia generan ganancias millonarias a sus dueños. Ellos las mantienen jurídicamente vivas para poder usufructuar sus permisos de pesca y cuotas de captura".

Las dársenas son operadas, fundamentalmente, por tres empresas privadas que prácticamente las monopolizan. Junto a los gremios ocupan casi todas las sillas del Consejo Pesquero. Es una suerte de círculo vicioso entre controladores y controlados. Concretamente, la comunidad banca con sus impuestos una actividad que beneficia casi por completo a particulares.

¿Despilfarro de recursos y desaprensión ambiental?

"Estamos pagando fortunas por baldes de chispas y de humo. Millones de dólares en obras sin sentido alguno", cerró Maturana.

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