Carbón en Candiota: la amenaza invisible que asfixia el futuro de Argentina
Un reciente informe revela que la quema de carbón en el sur de Brasil impacta más gravemente a ciudades argentinas como Buenos Aires, Rosario y Santa Fe que a los propios centros urbanos brasileños, generando un costo humano y económico devastador en la región.
A pocos kilómetros de la frontera, en el municipio rural de Candiota (Rio Grande do Sul, Brasil), se concentra un polo industrial cuya actividad parece detenida en el tiempo, pero cuyos efectos viajan cientos de kilómetros a través de la atmósfera. Se trata de un complejo de minas y centrales térmicas que, a pesar de representar una fracción mínima de la matriz energética brasileña, proyecta una sombra de enfermedad y muerte sobre la cuenca del Plata.
El núcleo del conflicto: Candiota III y Pampa Sul
El polo de Candiota opera mediante un sistema interdependiente: la mina Candiota abastece a la central Candiota III, mientras que la mina Seival Sul alimenta a la planta Pampa Sul. Este complejo quema un carbón de baja calidad, caracterizado por su alto contenido de cenizas y bajo valor calórico, lo que resulta en una emisión desproporcionada de partículas finas (PM2.5) y gases precursores.
Según el reporte de las organizaciones CREA y ARAYARA, entre 2017 y 2025 estas operaciones ya han provocado aproximadamente 430 muertes prematuras y pérdidas económicas por 5100 millones de reales. Sin embargo, la mayor preocupación radica en el futuro: de mantenerse estas plantas hasta 2040, las muertes adicionales podrían ascender a 870, acumulando un costo sanitario y económico de miles de millones de dólares para la región.
Argentina: la principal víctima del viento
Uno de los hallazgos más contundentes del estudio es la asimetría del impacto geográfico. Debido a la persistencia de los contaminantes en la atmósfera y a las dinámicas de dispersión aérea, las poblaciones más afectadas no se encuentran en las grandes metrópolis de Brasil, como San Pablo o Río de Janeiro, que están situadas a mayor distancia. Por el contrario, la mayor carga de morbilidad y mortalidad recae sobre Argentina, seguida por Uruguay y Paraguay.
Imagen ilustrativa generada con Gemini IA
"La población argentina es la más impactada por los proyectos de carbón en Candiota", señala el informe, destacando que ciudades como Buenos Aires, Rosario y Santa Fe sufren las consecuencias más severas debido a su relativa cercanía y la dirección de los vientos. Esta situación plantea un desafío ético y legal, ya que el beneficio de la generación eléctrica queda en Brasil mientras que los costos externos -en forma de vidas humanas y gastos hospitalarios- se exportan a los países vecinos.
Un análisis de las consecuencias sanitarias
El impacto no se limita a cifras de mortalidad por cáncer de pulmón o enfermedades cardiovasculares; comienza antes del nacimiento. Se estima que la contaminación en Candiota ha provocado cientos de nacimientos prematuros y con bajo peso, lo que genera secuelas de desarrollo a largo plazo y una presión constante sobre los sistemas de salud pública. Para los niños argentinos y uruguayos, esto se traduce en nuevos casos de asma crónica y un aumento drástico en las visitas a salas de emergencia.
A nivel laboral, la pérdida de productividad es masiva. El informe cuantifica en millones los días de ausencia al trabajo debido a enfermedades relacionadas con la contaminación, lo que debilita las economías nacionales en un contexto regional ya de por sí frágil.
Hacia una transición justa y legal
La persistencia de estas plantas es, según el análisis, una "carga evitable". El carbón apenas aporta un 1.6% de la electricidad de Brasil, una cifra que podría ser fácilmente reemplazada por fuentes renovables dada la abundancia de recursos eólicos y solares del país. No obstante, intereses políticos y subsidios estatales amenazan con extender las operaciones hasta 2050.
El cierre de estas instalaciones no solo es un imperativo ambiental, sino una necesidad de justicia transfronteriza. La evidencia científica presentada sugiere que la continuación de estas operaciones viola derechos fundamentales a la salud y a un ambiente equilibrado, principios protegidos por tratados internacionales en el marco del Mercosur. Argentina, como principal afectado, tiene ante sí la oportunidad y el argumento técnico para exigir en los foros regionales una transición energética que deje de quemar el futuro de sus ciudadanos.






