Salud y alimentación
Desperdicio de alimentos

Solo en CABA existen 2300 verdulerías que tiran 61 toneladas diarias de alimentos: significan U$S 20 millones tirados a la basura cada año

El dato surgió de un estudio de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires.

Si se multiplicaran las 61 toneladas de residuos de comida arrojadas cada 24 horas por 365 días, arribaríamos a una cantidad de comida aprovechable de casi 22.500 toneladas anuales. Todo esto ocurre en un país donde los niveles de pobreza e indigencia alcanzan a la mitad de la población.

En promedio, cada uno de los negocios dedicados a vender frutas y verduras tira por día como desecho unos 22 kilos de mercadería. Los puntos de venta minoristas son, según el trabajo de la UBA, algunas de las principales ventanas de fuga del sistema.

Imagen: Pixabay

Si midiéramos las pérdidas en moneda norteamericana, hablaríamos de 26 dólares por día por boca de expendio. Se llegaría a la friolera de más de 50.000 dólares por día o bien 20 millones de dólares al año.

Mirá también: El posible desperdicio de comida ocupa la agenda de los medios. Argentina está muy por encima de la media mundial

La gran pregunta es: ¿cómo reducir nuestros márgenes de indolencia y valorizar los insumos que se arrojan a los tachos?

Los productos orgánicos que más se desperdician

Según el trabajo de la Facultad de Agronomía, las hortalizas de fruto, de hojas y los cítricos fueron los rubros con más afectados. Especialmente, el tomate, la berenjena, la lechuga, la naranja, la sandía y el melón.

Las causas de lo que está ocurriendo son fundamentalmente dos:

  • regulaciones y políticas de los gobiernos locales que no exigen cierta refrigeración mínima a los locales para detener el proceso de deterioro

  • hábitos desaprensivos de comerciantes quienes buscan que los frutos podridos no contaminen al resto del cajón y por ello se deshacen de ejemplares que aún son comestibles.

Si se realizaran ofertas importantes a cierta hora del día (como ocurre con muchas panaderías y también con locales de venta de comida por peso) se podría reducir el malgasto de manera notable. Las pérdidas económicas y del propio sustento serían notablemente menores.

Tres simples consejos para minimizar el impacto apuntado:

  1. las bananas maduras se podrían licuar sin que pierdan sus propiedades. Lo mismo con varios tipos de frutas que se transformarían en jugos

  2. las verduras siguen siendo útiles tras hervirse para generar caldos o sopas

  3. transformar la materia orgánica en abono fértil en simples composteras hogareñas o comerciales

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