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De dónde viene el negacionismo del Cambio Climático. Segunda parte

La idea de que las emisiones de dióxido de carbono (CO2) de los países industrializados podría calentar el planeta, apareció en los círculos científicos a principios del siglo XX. Desde entonces, la evidencia a este respecto ha sido cada vez más robusta. Sin embargo, persisten campañas que intentan manipular a la opinión pública en sentido contrario. ¿Qué tipo de intereses movilizan esta resistencia a reconocer lo que ya nadie puede negar?

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La concentración media diaria de CO2 en la atmósfera, medida en el observatorio de Mauna Loa (Hawái, EE.UU.), estación de referencia mundial en este tema, alcanzó en mayo del 2023 el nivel de 424 partes por millón (ppm). Diversos estudios indican que la actual concentración de CO2 en la atmósfera terrestre es la más elevada en los últimos 3 millones de años, aunque también se ha apuntado que el récord podría llegar a ser de hasta 20 millones de años.

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Un documento interno de Exxon Research and Engineering Company (1982), revela que la compañía estaba haciendo modelos de concentración de emisiones de carbono proyectado a muchos años en el futuro. En sus previsiones esperaba que, para el 2020, el CO2 en la atmósfera pudiera alcanzar las 400 a 420 ppm. Exxon no sólo predijo el incremento en las emisiones, también entendió que tan severas iban a ser las consecuencias: "Una inseguridad considerable envuelve al impacto que una tendencia de calentamiento podría tener en la sociedad, si ocurriera", afirmaba el documento en cuestión.

En las cifras mayores de la predicción, algunos científicos sugerían que podría haber un impacto adverso considerable, incluyendo la inundación de algunas de las masas de tierra costeras como resultado del aumento del nivel del mar gracias al derretimiento de la capa de hielo en la Antártica, afirmando que esto ocurriría siglos luego de que la temperatura aumentara 3°C. A pesar de este conocimiento, la compañía eligió no cambiar o adaptar su modelo de negocios. En vez de eso, eligió invertir fuertemente en campañas de información falsa que promovían la negación a la ciencia del clima.

Crédito: Unsplash

Después de que el científico de la NASA James Hansen diera la voz de alarma sobre el cambio climático en 1988, tres asociaciones sectoriales: la Asociación Nacional de Fabricantes, el Instituto Eléctrico Edison y el Instituto Americano del Petróleo (API), se unieron a un par de compañías eléctricas para formar la Coalición Mundial por el Clima (GCC) (1989-2001) un grupo de presión internacional formado por empresas que se oponían a las medidas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y participaban en la negación del cambio climático , desafiando públicamente la ciencia detrás del calentamiento global.

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Entre las más de 40 empresas y asociaciones industriales que conformaron el GCC encontramos: Phillips Petroleum Company, ExxonMobil ,Chevron, Shell, British Petroleum (BP), Ford Motor Company, Texaco, Southern Company, General Motors, Daimler-Chrysler, DuPont, la Asociación Nacional del Carbón , la Cámara de Comercio de Estados Unidos, la Asociación Estadounidense de Bosques y Papel, entre otras. A las industrias que formaban parte de la GCC no les interesaban los cambios que tendrían que realizar para luchar contra el cambio climático, así que centraron sus esfuerzos en dos aspectos:

- Convencer al público de que los datos científicos sobre el cambio climático no eran 100% confiables, que la ciencia tenía dudas sobre el cambio climático.

- Convencer a los políticos de que las medidas contra los gases contaminantes perjudicarían al empleo, el comercio y a los precios.

¿Y cómo lo hicieron? Poniendo en duda que el Cambio Climático fuera por culpa de la contaminación industrial. Desarrollaron una fuerte campaña en los medios de comunicación con artículos de opinión, contrataron periodistas para proteger sus intereses económicos y difundir sus controversias, dando voz a científicos escépticos en los medios de comunicación... Sembrando la duda. De esta forma consiguieron que aunque Bill Clinton firmó el Protocolo de Kyoto, el Congreso no lo ratificó por lo que su adhesión sólo fue simbólica. Hasta que en 2001 el gobierno de George W. Bush (petrolero y de familia petrolera) se retiró del protocolo. La Coalición Global por el Clima hacía conseguido su misión y ese mismo año se disolvió.

Una investigación desarrollada por The Conversation, órgano periodístico de la Australian National University, publicada en febrero del 2023 nos informa que las compañías de gas y petróleo gastan cientos de millones de dólares en actividades dedicadas a frustrar las iniciativas políticas destinadas a frenar el cambio climático. The New York Times informó sobre los intentos del estadounidense Propane Education and Research Council de desbaratar los esfuerzos para electrificar hogares y edificios en Nueva York, en parte mediante la asignación de casi 900 000 dólares a la New York Propane Gas Association, que inundó las redes sociales con información engañosa sobre las bombas de calor de bajo consumo.

Las asociaciones sectoriales históricamente opuestas a las políticas climáticas gastaron 2 200 millones de dólares en la década de 2008 a 2018 (que sostienen en la actualidad) en actividades como: publicidad, grupos de presión y contribuciones políticas. En conjunto, superaron en 27 a 1 a los grupos industriales que apoyan la acción climática. El sector del petróleo y el gas fue el que más invirtió, con un gasto de 1 300 millones de dólares. Entre las 89 asociaciones examinadas en 9 sectores diferentes de la economía estadounidense entre 2008 y 2018, ningún otro grupo de asociaciones sectoriales se acercó a esta cifra. A esto podemos sumar 729 millones de dólares en cabildeo (lobbyng).

El negacionismo funciona desdeñando las premisas clave o afirmando que el problema no existe, o, de existir, el causante no es la humanidad. Así han intentado con orígenes geológicos, radiaciones cósmicas y solares (ya debidamente refutadas por la ciencia digna) que reemplacen la responsabilidad humana en esta crisis global. Y en ese manoseo es donde varias veces la política radicalizada y el establishment de los combustibles fósiles y afines, han jugado sus estrategias más sucias.

La extrema derecha sigue a rajatabla los pasos para crear bulos y desinformación, también en el caso de la crisis climática: toma una verdad a medias y la hace verdad universal, omitiendo los datos y evidencias que no le interesan y que, en definitiva, hacen de esa afirmación una falsedad. La derecha radical europea: VOX (España), Foro para la Democracia (Austria), Reagrupación Nacional (Francia), Alternativa para Alemania, y otros, ha abrazado el negacionismo como parte de su batalla política contra los ecologistas, que "son sus enemigos".

Medios de comunicación y comunicadores "comprados", influencers que inundan las redes sociales con bulos y campañas de información falsa, promoviendo la negación del cambio climático y su origen en actividades humanas, son parte de sus estrategias. Canalizan dinero a think tanks (394 millones de dólares entre 2008 y 2018) y grupos locales, universidades, fundaciones benéficas y organizaciones políticas como asociaciones de alcaldes y gobernadores. La compañía BP gasta una media de 53 millones de dólares anuales en lobbying para bloquear las medidas de lucha contra el calentamiento global.

Devastadores efectos del cambio climático, nos amenazan con niveles de tolerancia crítica para la salud y la agricultura. Fuertes inundaciones, sequías interminables, olas de calor extremo, incendios forestales y huracanes cada vez más intensos, deshielo de la capa de permafrost, derretimiento de los glaciares. Los fenómenos extremos costeros que antes se producían cada 100 años, ahora se registran cada año. El mundo se está dando cuenta de cómo va a ser la vida en un planeta que se sigue calentando a un ritmo insostenible para toda la vida planetaria, sin excepciones. Mientras tanto, los detractores del cambio climático global, persisten en sus esfuerzos, fraudes científicos y descaros negacionistas, y lo peor es que una parte de la población, ingenuamente, repite y multiplica sus mentiras a los 4 vientos...


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