Política
Vulnerabilidad

Crisis Climáticas y Ambientales amenazan a las Infancias

Las perturbaciones climáticas y ambientales están menoscabando la totalidad de los derechos de los niños y niñas, desde su acceso a un aire limpio, alimentos y agua potable, hasta su derecho a una educación, a una vivienda, a estar protegidos contra la explotación e incluso a sobrevivir.

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En el mundo, 1.000 millones de niños, niñas y adolescentes están en "riesgo extremadamente alto" de sufrir los impactos de la crisis climática, según el primer Índice de Riesgo Climático de la Infancia del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF). Estos 1.000 millones de niños y niñas viven en países de muy alto riesgo donde están expuestos a los peligros, perturbaciones y factores de estrés más graves. Las repercusiones sobre ellos, sus familias y su futuro - y por tanto, sus sociedades - es enorme.

La crisis climática es también una crisis de derechos del niño: este informe es el primer análisis exhaustivo de los riesgos climáticos y ambientales desde la perspectiva de la infancia, abordando: la exposición de los niños a las perturbaciones climáticas y ambientales, los ciclones y las olas de calor, así como su vulnerabilidad a esas perturbaciones según su acceso a los servicios esenciales.

Presentado en colaboración con el movimiento internacional de activistas ambientales estudiantiles Fridays for Future (Viernes por el Futuro) (2021), el informe revela que aproximadamente 1.000 millones de niños, niñas y adolescentes (casi la mitad de los 2.200 millones de niños del mundo) viven en uno de los 33 países clasificados como de "muy alto riesgo".

Imagen: Freepik, jcomp

En América Latina y el Caribe, se estima que 169 millones de niños, niñas y adolescentes viven en zonas donde se superponen al menos 2 crisis climáticas y ambientales. La crisis climática no es una amenaza lejana. Ya está aquí, se está acelerando y seguirá afectando al mundo de forma cada vez más devastadora, ya ha expuesto a casi todos los niños y niñas de todos los continentes a un mayor riesgo de peligros climáticos más frecuentes, intensos y destructivos, desde olas de calor y sequías hasta ciclones e inundaciones, pasando por la contaminación del aire y las enfermedades transmitidas por vectores. Pero para algunos niños y niñas, la crisis climática es algo más que un riesgo grave, es una realidad que amenaza sus vidas.

Estos niños y niñas se enfrentan a la combinación letal de estar expuestos a múltiples alteraciones climáticas y ambientales y ser altamente vulnerables debido a la precariedad de los servicios esenciales que reciben, como el agua y el saneamiento, la atención médica y la educación. Los resultados revelan unas cifras que seguirán empeorando a medida que los efectos del cambio climático se aceleren, indicando dónde y de qué forma la infancia es vulnerable al cambio climático, se trata de un panorama mucho más grave de lo que podíamos imaginar, y demanda la urgencia de tomar medidas resolutivas de semejante amenaza

El Índice de Riesgo Climático de los Niños revela que en América Latina y el Caribe:

  • 55 millones de niños están expuestos a la escasez de agua;

  • 60 millones de niños están expuestos a los ciclones;

  • 85 millones de niños están expuestos al Zika;

  • 115 millones de niños están expuestos al Dengue;

  • 45 millones de niños están expuestos a las olas de calor;

  • 105 millones de niños están expuestos a la contaminación atmosférica.

Si bien casi todos los niños del mundo corren el riesgo de sufrir alguna de estas amenazas climáticas y ambientales, los datos revelan que los países más afectados se enfrentan a crisis múltiples y a menudo solapadas que podrían mermar el progreso en materia de desarrollo y aumentar las carencias de la infancia.

Fuente: Freepik

Se estima que 850 millones de niños (1 de cada 3 en todo el mundo) viven en zonas donde se solapan al menos 4 de las perturbaciones climáticas y ambientales anteriormente citadas. Además, nada menos que 330 millones de niños (1 de cada 7 en todo el mundo) viven en zonas afectadas como mínimo por 5 peligros considerables. En América Latina y el Caribe, 47 millones de niños (1 de cada 4) viven en zonas afectadas por al menos 4 perturbaciones

Del mismo modo, el informe revela incoherencias entre los países donde se generan las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y aquellos en los que los niños sufren las peores consecuencias del cambio climático. En conjunto, los 33 países "de muy alto riesgo" emiten tan solo el 9% de las emisiones mundiales de GEI. Por el contrario, los 10 países que generan más emisiones representan casi el 70% de las emisiones mundiales. Sin embargo, solo uno de estos países se encuentra clasificado como país "de muy alto riesgo" en el índice.

Sobre la base de datos internacionales, expertos de Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) advirtieron que "las respuestas generadas desde los Estados mediante los sistemas de protección social y los programas de ayuda alimentaria son insuficientes para paliar las consecuencias catastróficas de la crisis que afecta a los países de la región y particularmente a las infancias a escala global". "Ningún país está respondiendo con éxito a las amenazas del cambio climático, las imposiciones del mercado y a la imposibilidad de que todos los niños y niñas logren un buen desarrollo y calidad de vida. Las infancias no aparecen como una verdadera prioridad de la política pública", enfatizó Raúl Mercer, reconocido médico pediatra y epidemiólogo, Coordinador del Programa de Ciencias Sociales y Salud de FLACSO Argentina.

La afirmación del especialista se basa en un informe de la revista científica The Lancet, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y UNICEF que llamó a posicionar como prioridad a los Niños y Niñas en Todas las Políticas (Children in All Policies o CAP-2030), con actividades concretas a impulsar en 9 países seleccionados del mundo, uno de los cuales es Argentina. "A pesar de las espectaculares mejoras en la sobrevivencia, la nutrición y la educación logradas en las últimas décadas, el futuro de nuestros niños es actualmente incierto. El cambio climático, la degradación ambiental, las migraciones, los conflictos, las inequidades generalizadas y las prácticas comerciales agresivas amenazan la salud y el futuro de los niños en todos los países", sostuvo el estudio publicado en The Lancet en 2020.

Fuente: Freepik, jcomp

Y agregó que en "2015, los países acordaron los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS)". Sin embargo, "son pocos los que han avanzado a un ritmo suficiente para hacerlos realidad". El informe de The Lancet, OMS y UNICEF advirtió también que "los países más pobres tienen un largo camino por recorrer para ayudar a sus niños a llevar una vida saludable, pero los más ricos están poniendo en peligro el futuro de todos los niños a causa de la contaminación por CO2, que está ocasionando un cambio climático y una catástrofe ambiental fuera de control. Ningún país ha obtenido buenos resultados en las 3 medidas de prosperidad infantil, sostenibilidad y equidad", remarcó.

Las pruebas son irrefutables: la crisis climática es una crisis de la infancia. Y sin embargo, de manera sistemática, a la hora de planificar la respuesta a la crisis climática no se tiene en cuenta a la infancia. Invertir en las necesidades de los niños y niñas más afectados por el cambio climático no es una prioridad. En muchos casos, este tema ni siquiera figura en los programas. El mundo no puede seguir pasando por alto a la infancia mientras se enfrenta a la amenaza existencial del cambio climático y la degradación ambiental. Es hora de considerar a nuestros niños y niñas como una prioridad en la lucha contra el cambio climático.

En primer lugar, los gobiernos tienen que cumplir con una reducción ambiciosa de las emisiones contaminantes. Esta sigue siendo la única solución a largo plazo, ya que la adaptación al clima tiene límites. Pero tenemos que tomar medidas ahora mismo para ayudar a los niños y niñas más vulnerables, que viven en los países con las emisiones per cápita más bajas, a adaptarse a las consecuencias del cambio climático, para que puedan sobrevivir y prosperar en un mundo que evoluciona rápidamente. 

Hay que preparar a los países y a las comunidades mediante un desarrollo que sea resiliente al clima y que se centre en la adaptación es la forma más eficaz de proteger la vida de los niños y niñas vulnerables y los medios de subsistencia de sus familias. Está demostrado que reduce el riesgo climático, aumenta la resiliencia a las futuras perturbaciones climáticas previstas y ofrece beneficios económicos reales.

Sin embargo, muchos países carecen por completo de planes de adaptación, o disponen de planes que no protegen ni abordan las necesidades específicas y urgentes de la infancia. Esto significa que la mayoría de los niños todavía están desprotegidos y no están preparados para confrontar las repercusiones cada vez más intensas del cambio climático. Es indispensable y urgente que todos los países se comprometan a garantizar que la adaptación centrada en la infancia sea un elemento esencial de todos los planes climáticos y se considere como una cuestión de máxima prioridad.

Es incuestionable que el cambio climático es profundamente desigual, y aunque ningún niño es responsable del aumento de las temperaturas mundiales, ellos sufrirán las peores consecuencias. Los niños de los países menos responsables sufrirán más que nadie, urge entonces dar prioridad a las medidas que los protejan de los efectos del cambio climático, al tiempo que aceleran el trabajo para reducir drásticamente las emisiones de GEI.

Para ser eficaces, los planes de adaptación centrados en la infancia y las medidas de resiliencia deben ser multisectoriales y abarcar los sectores fundamentales que fomentan la sobrevivencia y el bienestar de los niños: agua y saneamiento; salud, nutrición y educación; política social y protección de la infancia

También deben centrar los recursos y la atención en llegar a los niños más marginados y vulnerables de las comunidades más pobres. Los planes deben contar con una financiación y unos recursos adecuados y urgentes, no podemos esperar más para poner en marcha las acciones inteligentes y estratégicas que les permitan sobrevivir a esta crisis.


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Incluso las condiciones precarias del hábitat afectan el desarrollo social y emocional de niñas y niños, limitando sus oportunidades de futuro.