Dinamarca comienza a cancelar las licencias a exploraciones de petróleo y gas
El país avanza firme en su compromiso de descarbonizarse.
El gobierno danés anunció el fin de las exploraciones de petróleo y gas en el mar del Norte. El plan consiste en cancelar progresivamente las licencias para empresas que buscan explotar hidrocarburos.
La organización no gubernamental Greenpeace calificó a esta decisión como un "hito histórico".
Dinamarca (más de 100.000 barriles de crudo por día) es actualmente el mayor productor de petróleo de la Unión Europea gracias a sus plataformas submarinas. Tiene 55 campos de perforación.
La decisión de los nórdicos resonará en todo el mundo. Ningún otro país productor importante de hidrocarburos dio un paso similar, hasta el momento.
Dinamarca se posiciona como un estado pionero en la lucha contra el cambio climático ya que su mayor objetivo es convertirse en una nación climáticamente neutral dentro de tres décadas. Mientras tanto, para 2030, esperan reducir en un 70% la emisión de gases de efecto invernadero.
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¿Quedará afectado el "estado de bienestar" de una de las naciones con mayor desarrollo socio-económico del planeta?
Evidentemente, los ciudadanos del pequeño país no creen en esta posibilidad y por ello votaron el año pasado a la primera ministra ecologista Mette Frederiksen quien calificó su triunfo como "la primera elección climática del mundo".
Los 4000 puestos de trabajo afectados por estas decisiones contra el cambio climático serán absorbidos por las empresas de aerogeneradores. El Mar del Norte es considerado uno de los parques de vientos más importantes de los cinco continentes.
El peso de los movimientos "verdes" no para de crecer en el viejo continente. Reino Unido, por ejemplo, tiene como intención reducir sus emisiones de carbono en al menos un 68% para fines de 2030, de acuerdo a declaraciones del primer ministro Boris Johnson.
Por su parte, el presidente francés Emanuelle Macron debe convivir con una alcaldesa de París surgida del ambientalismo y sus políticas nacionales son cada año más preservacionistas.
Europa quiere consolidarse como el "jardín mundial del siglo XXI" y absorber un flujo de inversiones y turistas que compensarían cualquier alza inesperada en los precios del gas y el crudo en las próximas décadas.