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Micelio y Biotecnología: Por qué la raíz del hongo está revolucionando la industria

El mundo de los hongos se volvió una de las tendencias más fascinantes de la biotecnología contemporánea. Sus aplicaciones van desde la medicina hasta la moda, la arquitectura y el diseño industrial. En ese ecosistema, el micelio se posiciona como un actor clave del futuro sostenible, por su capacidad de sintetizar moléculas complejas y transformar desechos en materiales útiles.

Los países desarrollados apuntan a la utilización de materiales regenerativos que vayan más allá de la neutralidad y permitan al suelo recomponerse con nutrientes y producción limpia, con mínimo impacto en la huella de carbono. 

Por año se producen alrededor de 380 millones de toneladas de plástico. A pesar de la acción de gobiernos, empresas, organizaciones intermedias y la conciencia ciudadana mundial, no hay forma de evitar su impacto dramático en el ecosistema. Según datos de la guía "Los Plásticos en la economía circular", solo se crean entre 0.7% y 0.15% de materiales biodegradables para envases.

En este contexto, una diseñadora industrial argentina de la Universidad de Buenos Aires (UBA), Denise Pañella, desarrolló una alternativa sustentable a los embalajes tradicionales: un material a base de micelio, la raíz de los hongos, capaz de volver a la tierra en apenas 45 días. Con su empresa MOSH, Pañella busca resolver una de las paradojas más absurdas de la producción moderna: que el envase de un producto dure más que el mismo producto.

Imagen: Pixabay

"Cuando creamos un objeto, la función, la estética y el impacto ambiental se piensan como un mismo sistema, no como decisiones separadas. El micelio, que es el corazón de nuestro trabajo, nos obliga a mirar todo de manera más orgánica: el material tiene su propia lógica, su tiempo, su lenguaje. El diseño no se impone, se adapta y dialoga con eso", explica Pañella.

Cómo se cultiva un envase

El proceso detrás del material es tan innovador como orgánico. El micelio se alimenta de residuos agrícolas reciclados, provenientes de productores locales. Esta mezcla se coloca en moldes, donde -bajo condiciones controladas- el hongo crece hasta formar una matriz firme y completamente biodegradable.

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Una vez que alcanza la forma deseada, el material se seca, deteniendo su crecimiento y dando origen a un objeto rígido, liviano, aislante térmico, hidrofóbico y libre de plásticos. De allí que pueda ser una alternativa amigable para el medioambiente reemplazar al telgopor y a otros materiales que, aunque biodegradables, dejan residuos tóxicos, como los microplásticos.

La paradoja del envase

Mientras la mayoría de los embalajes de un solo uso tardan siglos en desaparecer, este nuevo material se reintegra naturalmente al suelo en apenas 45 a 60 días. 

No se busca reemplazar un material en particular, sino proponer una nueva lógica de producción regenerativa, donde cada pieza nace, cumple su función y vuelve a ser parte del ciclo natural.

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"No venimos a demonizar otros materiales -que en muchos campos son necesarios-, pero creemos que el packaging no es uno de ellos. Es un territorio perfecto para innovar, porque suele usarse una sola vez y, sin embargo, puede tener un enorme impacto ambiental", explica Pañella.

Innovar desde la naturaleza: la nueva generación de materiales

La revolución que está viviendo el diseño industrial ya no se mide solo en nuevas tecnologías, sino en cómo la naturaleza inspira los procesos de producción. En ese cruce entre ciencia, arte y diseño nace MOSH, un emprendimiento argentino que cultiva packaging a base de micelio: una red de filamentos que conforman la raíz de los hongos y que actúa como un pegamento natural, resistente al agua y al fuego.

Imagen: Gentileza Mosh

"Nacimos de la mezcla entre curiosidad científica y mirada estética. Me interesa ese espacio donde la ciencia, el arte y el diseño se contaminan y se potencian. En Argentina ese cruce todavía es incipiente, y me gusta pensar que estamos ayudando a abrir ese camino", comenta Pañella. Y concluye: "El micelio tiene un potencial enorme: estamos recién empezando a explorar todo lo que puede hacer. Sus aplicaciones van mucho más allá del packaging; es un material vivo con posibilidades en múltiples industrias. Nos interesa seguir investigando cómo puede transformar la manera en que diseñamos y producimos".

 Imagen: Gentileza Mosh

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