Economía
Cambios de paradigma

Tras la gran sequía, Argentina tendría buenas cosechas a fines de 2023 y en 2024. ¿Podrá dedicar las ganancias a obras de riego que la pongan a salvo?

El país enfrentó este año una de las peores sequías de su historia: casi el 55% de la superficie del territorio quedó en condiciones de estrés hídrico, según un informe del Sistema de Información sobre Sequías para el Sur de Sudamérica (Sissa).

"La cosecha 2022/23 se forjó bajo las condiciones más secas de los últimos 60 años", explicó en un informe la Bolsa de Comercio de Rosario. Se cosechó un 45% menos de la soja prevista, lo que significó un impacto total de hasta 2% en el producto bruto interno y una pérdida de exportaciones de más de quince mil millones de dólares.

De acuerdo a investigaciones del Servicio Meteorológico Nacional, "el invierno 2022 fue un 33,3% más seco que lo normal y se posicionó como el quinto consecutivo en registrar déficit de lluvias". En el pasado mes de abril se produjeron lluvias abundantes que beneficiaron al campo y, de acuerdo a análisis climatológicos de la Columbia Climate School, se prevén precipitaciones importantes también en el segundo semestre del presente año y durante el 2024.

Excelente momento para no repetir errores

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y Agricultura (FAO) señaló que Argentina podría ampliar su producción de cultivos en casi siete millones de hectáreas gracias al riego. Actualmente, la superficie regada de manera artificial en el país es de unos dos millones de hectáreas, lo que representa apenas el 5% del total de las áreas sembradas. En el continente americano, esa proporción es del 10% (el doble) y en el mundo el área bajo aspersión es de casi el 20% de la superficie total productiva (el cuádruple).

Foto: Frankie López. Unsplash

La FAO asegura que modernizando los sistemas de distribución y haciendo las obras necesarias se podría mejorar sustancialmente la eficiencia. Desde 2008, año en el que se registró una temporada muy seca, Argentina habla de solucionar el problema del suministro de agua recurriendo a canales artificiales. Pero, como 2010, 2011 y 2012 fueron años húmedos y con diques llenos, no volvió a tocarse seriamente el tema del desabastecimiento hídrico.

Una vez más, en 2023 y 2024 se corre el riesgo de no ser anticíclicos y no suponer que vendrán nuevamente años de "vacas flacas". Cabe destacar que los mazazos recibidos en las últimas temporadas han sido tan devastadores que ni las arcas públicas ni las privadas parecen hoy en condiciones de embarcarse en grandes desembolsos.

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Consultado por Carbono.news, el ingeniero agrónomo Oscar Mildemberger de La Agrícola Regional Cooperativa Limitada, explicó: "El riego es una alternativa, pero el contexto actual del productor argentino no es favorable porque la inversión es alta. Si no lloviera, la tasa de retorno sería para ellos muy rápida. En la Pampa Húmeda, siempre se trató de una cuestión complementaria, pero el cambio climático puede alterar las viejas ecuaciones. La irrigación sirve para asegurar la productividad de los terrenos. Existe hoy una buena relación producto-costo, ya que actualmente los granos tienen una muy buena cotización en los mercados. De todas formas, los empresarios agropecuarios están hoy lejos de estas herramientas, ya que no existen créditos concretos que permitan amortizar las inversiones en varios años de pago. El productor hoy está como la Argentina, en default".

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