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El fenómeno NIMBY: "Queremos ese avance, pero lejos de aquí"

Ahora el movimiento "Not In My Back Yard" se opone a la instalación de molinos eólicos en Gran Bretaña.

El fenómeno NIMBY, sigla que en inglés refiere a "Not In My Back Yard" ("no en mi patio trasero") y su equivalente en español SPAN (Sí, Pero Aquí No) se refiere a los movimientos de vecinos que se oponen a la instalación de ciertas actividades en su entorno, especialmente de aquellas que están tildadas como peligrosas.

Pueden ser aeropuertos, basurales o centrales nucleares, pero últimamente también ocurre con iniciativas "verdes", como los molinos eólicos.

Lo más irónico y llamativo es que estos grupos NIMBY o SPAN frecuentemente reconocen la importancia de las actividades, e incluso quieren gozar de sus beneficios (como una antena de telefonía celular para ampliar la señal), pero no quieren lidiar con los efectos "negativos" cerca de ellos. Por eso, son tildados de poco solidarios.

El caso de Gran Bretaña: ¿por qué a alguien le molestaría tener como vecino a un aerogenerador?

En principio, porque suelen producir zumbidos permanentes ocasionados por el giro de las aspas. También podría afectar negativamente el paisaje en zonas turísticas.

En Gran Bretaña, un territorio bendecido por los incesantes movimientos de aire, casi la mitad de sus ciudadanos se opone a convivir con estos gigantes de metal.

En Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda, los impulsores de energías renovables suelen vivir un verdadero calvario cada vez que lidian con la instalación de estas plantas.

Sin embargo, un "aprovechador" no es más que un motor eléctrico invertido que se convierte en dínamo para transformar la energía mecánica de las paletas en eléctrica. No desarrolla emisiones de ninguna clase ni radiaciones electromagnéticas

Aún así, muchos de los que conviven con estos molinos se quejan de haber desarrollado el "síndrome de la turbina eólica", un mal que despierta muchas dudas y que se cree que es más producto de la hipocondría que de la realidad.

Los que creen en este síndrome ven como fuente del problema al ruido que hacen las gigantescas palas al cortar el viento. Aseguran que las vibraciones de baja frecuencia que provocan atraviesan obstáculos y distancias y remueven los órganos internos del cuerpo humano.

También sostienen que el infrasonido de las aspas impacta directamente sobre el sistema vestibular y causa vértigo, mareos, pérdida de sueño, de concentración y hasta de memoria.

¿Cómo logran estos detractores de las nuevas tecnologías difundir sus ideas?

Acuden a medios locales y regionales para desarrollar sus temores. Nunca se presentan en revistas técnicas, científicas o diarios de gran prestigio. En sus campañas para sembrar el terror hacen responsables a estas estructuras por casos de cáncer de pulmón y de piel. También, por diabetes, esclerosis múltiple y accidentes cerebro-vasculares.

Jamás se ha podido probar ninguna de estas temerarias hipótesis, pero las malas noticias corren a una velocidad supersónica aunque se trate de fake news. Los supuestos efectos negativos se basan en meras entrevistas a nivel subjetivo, nunca en evidencia científica concreta basada en grandes muestreos de población.

Cuando las causas llegan a la Justicia todo se disipa ya que no hay manera de probar semejantes acechanzas.

¿Podrían estas confabulaciones y cabildeos terminar por afectar la salud ya que las víctimas somatizan? En apariencia, sí.

El eminente científico australiano y profesor de la Universidad de Sydney, Simone Champman, investigó el tema en su país y determinó que detrás de los NIMBY, además de la ignorancia, estaba la intervención de los jugadores económicos, mayormente ligados a los holdings petroleros.

Concretamente lobbies negacionistas vinculados con estrechez a los más concentrados intereses de la industria del combustible.

¿Cuál podría ser una de las claves para que el movimiento NIMBY pierda su influencia social? La información.

La energía "verde" genera, proporcionalmente, muchos más puestos de trabajo que las compañías tradicionales basadas en quemas de fósiles. En casi todo el planeta se espera en los próximos años un boom de puestos rentados creados por las compañías emergentes de este dinámico sector.

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