América Latina se suma a la carrera por las tierras raras
Brasil, Chile y Argentina cuentan con grandes yacimientos de elementos que podrían contribuir a la transición hacia las energías limpias. ¿Podrán sacarles provecho sin grandes sacrificios ambientales?
En el centro-oeste de Brasil, una pequeña ciudad de 27 mil personas está volviéndose uno de los grandes polos latinoamericanos de la carrera por las tierras raras.
Minaçu, en el estado de Goiás, posee reservas significativas de tierras raras - un grupo de minerales estratégicos que son utilizados en la producción desde celulares y autos eléctricos hasta turbinas eólicas y microchips, tecnologías esenciales para la transición energética.
Según la Agencia Internacional de la Energía, la demanda mundial de tierras raras creció aproximadamente un 7% en 2024, y potencias como Estados Unidos y China se apresuraron a asegurarse el suministro.
A pesar de que Brasil cuenta con casi una cuarta parte de las reservas conocidas en el mundo, América Latina sigue estando detrás de China en la extracción de tierras raras, que domina la producción, principalmente a través de operaciones nacionales. China representa casi el 70% de la producción mundial de tierras raras, según un informe publicado por el Servicio Geológico de los Estados Unidos a principios de 2025.
Minaçu es un ejemplo del impulso de América Latina por competir. Pela Ema, la primera mina fuera de Asia en producir una serie de elementos de tierras raras utilizados en imanes para vehículos eléctricos y turbinas eólicas, fue inaugurada en 2024 por la empresa multinacional Serra Verde.
A principios de noviembre de 2025, el trabajo de Serra Verde recibió un impulso gracias a un préstamo de 565 millones de dólares del US International Development Finance Corporation (DFC), que distribuye fondos federales para proyectos de desarrollo en el extranjero. Se prevé que la producción anual de tierras raras en Serra Verde alcance las 6.500 toneladas en 2027.
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También se han encontrado importantes yacimientos de elementos de tierras raras en Chile y Argentina. Pero, aunque representan una oportunidad significativa para la región, expertos afirman que los países latinoamericanos deben ser cautelosos a la hora de precipitarse a exportar tierras raras cuando podrían estar desarrollando cadenas de suministro completas. Otros advierten del grave daño medioambiental que se está causando a ecosistemas sensibles.
Ganar la carrera por las tierras raras
Según el Servicio Geológico de los Estados Unidos, China posee aproximadamente la mitad de las reservas conocidas de tierras raras del mundo. Además de dominar la producción minera, también controla alrededor del 90% del procesamiento de tierras raras. Por el contrario, la industria minera y de refinación de tierras raras de América Latina sigue estando poco desarrollada, a pesar de contar con reservas propias en buen estado. Brasil produjo solo 140 toneladas de tierras raras en 2023 y 20 toneladas al año siguiente, según el informe, una cantidad insignificante en comparación con las 270.000 toneladas que produjo China en 2024.
Estudios geológicos recientes confirman que varios países latinoamericanos, especialmente Brasil, Chile, Perú y Argentina, cuentan con depósitos de importancia mundial.
En los últimos meses, las tierras raras han sido el centro de las tensiones entre China y Estados Unidos. China impuso restricciones a las exportaciones en octubre, alegando preocupaciones sobre su uso por parte de ejércitos extranjeros. Esto desencadenó una guerra arancelaria con Estados Unidos, que busca garantizar el suministro de tierras raras para apoyar a sus propias industrias. A finales de ese mes se llegó a un acuerdo. A principios de febrero, Estados Unidos "se propuso remodelar el mercado mundial de minerales críticos y tierras raras" al liderar una reunión con más de 50 países destinada a comenzar a aumentar su cuota de mercado colectiva.
Mientras tanto, el crecimiento de la industria en América Latina ha convertido a esta región en un lugar más atractivo para ambas potencias.
"América Latina ha vuelto a adquirir centralidad como proveedora de recursos críticos", sostuvo Juliana González Jáuregui, investigadora de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), en Argentina. "Esa centralidad no solo se basa en su dotación geológica, sino también en que los principales actores globales están buscando diversificar riesgos en sectores estratégicos dominados por pocos países".
La competencia geopolítica por los minerales y la necesidad de garantizar cadenas de suministro estables para las industrias estratégicas en transición son centrales en este escenario, afirma.
El elemento de tierras raras neodimio (Nd), que se utiliza en imanes para autos eléctricos (Imagen: Alamy)
La fiebre por las tierras raras
La extracción de tierras raras es técnicamente compleja y costosa, además de requerir un enorme consumo de energía. El dominio de China en la producción se basa en su capacidad para producirlas a bajo costo y a gran escala. Esto ha dificultado que las operaciones más pequeñas de otros países puedan competir en el mercado. Para contrarrestar esta situación, las empresas mineras de otras regiones quieren un sistema de precios más alto.
Aquí es donde Brasil puede tener una ventaja. Parte de las reservas de Brasil, como las de Minaçu, se encuentran en arcillas iónicas. Este tipo de yacimiento es más sencillo y económico de explotar que los que se encuentran en rocas más duras, y su extracción tiene un menor impacto ambiental.
Los nuevos descubrimientos también están atrayendo la atención de empresas extranjeras. Entre ellos se encuentra el hallazgo "a gran escala" anunciado el año pasado que ha impulsado el proyecto Pelé de Brazilian Rare Earths en el estado de Bahía. La empresa minera australiana Viridis está desarrollando un proyecto llamado Colossus en el municipio de Poços de Caldas, en el estado de Minas Gerais, con recursos estimados de 201 millones de toneladas.
En junio del año pasado, el gobierno brasileño comenzó a evaluar 56 planes de negocio presentados para proyectos relacionados con minerales críticos, incluidas las tierras raras. Ha reservado un fondo de 45.800 millones de reales brasileños (8.900 millones de dólares estadounidenses) para distribuir entre los proyectos seleccionados para recibir apoyo.
Las empresas chinas han tomado nota. En 2024, la estatal China Nonferrous Metal Mining Group compró la empresa brasileña Mineração Taboca, en la Amazonía, asegurándose acceso a tierras raras. Y en la primera mitad de 2025, las exportaciones brasileñas hacia China se triplicaron en comparación a 2024.
En Chile, por otro lado, donde se encuentran grandes cantidades de tierras raras, la canadiense Aclara Resources, asociada al conglomerado minero chileno CAP, desarrolla el proyecto Penco Module, estimado en 148 millones de dólares. El proyecto está enfocado en minerales como el disprosio y el terbio, necesarios para la producción de imanes permanentes de alto desempeño, como los que se utilizan en motores de automóviles eléctricos. Buscará producir entre 800 y 1.700 toneladas al año mediante un proceso de lixiviación con agua reciclada y uso de fertilizantes en circuito cerrado, sin relaves y con reforestación con especies nativas.
Al menos 19 yacimientos han sido descubiertos en Argentina. Un estudio de impacto ambiental realizado por la empresa Litica Resources es el precursor de una posible extracción en las provincias del norte del país.
Estos acontecimientos han sido observados por la Unión Europea y los Estados Unidos, que han adoptado estrategias para diversificar los riesgos en sus cadenas de suministro. La primera ha firmado memorandos con Argentina y Chile, que incluyen capítulos sobre materias primas críticas, y ha ratificado acuerdos comerciales con el bloque Mercosur. El segundo creó en 2022 la Asociación para la Seguridad de los Minerales, integrada por 14 países y la Unión Europea.
Una mina de asbesto cerca de Minaçu, en el estado de Goiás, en el centro-oeste de Brasil. Esta pequeña localidad está pasando rápidamente del asbesto, un material extremadamente tóxico utilizado en la construcción, a la minería de tierras raras (Imagen: Christian Tragni / Süddeutsche Zeitung Photo / Alamy)
¿Una relación desigual?
Uno de los debates cruciales en torno de este asunto es si América Latina será simplemente exportadora de materia prima o si avanzará hacia la industrialización local. Brasil, Argentina y Chile están tratando de reposicionarse como actores industriales. "No vamos a ser exportadores de minerales críticos. Quien los quiera, tendrá que industrializar en nuestro país para que nuestro país pueda ganar ese dinero", dijo el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva en un evento en noviembre en Mozambique.
Constantine Karayannopoulos, consultor en la industria minera, afirma a Dialogue Earth que Brasil tiene "probablemente uno de los mejores" depósitos de tierras raras del mundo. Advierte que no se deben repetir los errores que, en su opinión, se cometieron en Australia y Canadá: "Sus economías crecieron basadas en gran parte en la extracción, pero no capturaron el valor agregado que sí capturaron los chinos, los coreanos y los japoneses, y en menor medida los europeos".
El director de la Sociedad Geológica de Chile (SGC), Ayaz Alam, sostuvo a Dialogue Earth que "existe interés en avanzar hacia la producción de valor agregado", pero que, sin embargo, "conviene ser realistas".
"Los proyectos han sufrido retrasos durante años. Algunas empresas proyectaban empezar a operar en 2026 o 2027, pero existen temas ambientales sin resolver, tecnologías aún no consolidadas y conflictos pendientes con comunidades locales", afirma.
González cree que para que los latinoamericanos puedan equilibrar oportunidades de inversión con riesgos de dependencia tecnológica y política, "el principal desafío no es evitar a China, que hoy es un actor indispensable en la transición energética, sino negociar con mayor capacidad estatal para que esas inversiones no consoliden relaciones asimétricas".
"El equilibrio, por lo tanto, no es ‘con o sin China', sino cómo insertarse en el sistema global sin seguir profundizando vulnerabilidades históricas, entendiendo el desarrollo en un sentido integral", afirma la investigadora.
El riesgo ambiental
Una preocupación presente en esta industria en ebullición es la ambiental. Los elementos de tierras raras se extraen usualmente mediante métodos a cielo abierto. El mineral se tritura y se muele, y los minerales que contienen tierras raras pueden concentrarse mediante procesos físicos. Luego, estos concentrados se tratan químicamente con ácidos o álcalis para disolver los elementos de tierras raras. Por último, un proceso de extracción con disolventes separa las diferentes tierras raras.
Estos procesos de extracción requieren tradicionalmente grandes volúmenes de agua y conllevan el riesgo de que se filtren sustancias nocivas en los ecosistemas circundantes.
Las minas de tierras raras pueden liberar elementos radioactivos como torio y uranio. Los residuos ácidos generados durante el procesamiento pueden provocar toxicidad en ecosistemas y riesgo para la salud de animales. Y la lixiviación, por ejemplo, que es el baño en piscinas o pozos químicos que se realiza para disolver las tierras raras, puede contaminar aguas subterráneas o superficiales si existiera alguna filtración.
Francisco Valdir Silveira, director de geología y recursos minerales del Servicio Geológico de Brasil (SGB), afirmó a Dialogue Earth que las tecnologías existentes permiten minimizar estos impactos. "Si se siguen los protocolos ambientales y de sostenibilidad, los impactos serán mucho menores y con posibilidad de recuperación en un corto período de tiempo. Hay maneras de prevenir", agregó.
Algunas empresas mineras como la ucraniana Kazatomprom y la estadounidense Cameco Resources defienden que la lixiviación in situ, por ejemplo, que se trata de la inyección directa de soluciones (como el sulfato de amonio) en depósitos de arcilla, reduce la remoción de suelo y de residuos sólidos al evitar la necesidad de excavación y extracción de rocas. En Brasil, se están realizando ensayos de esta tecnología.
Sin embargo, los estudios sugieren que la lixiviación in situ no está exenta de impactos. Las investigaciones han demostrado que la inyección de soluciones químicas puede provocar la acidificación persistente del suelo, la movilización de metales pesados y la contaminación de las aguas subterráneas. Los científicos también han destacado la dificultad de restaurar completamente la estructura del suelo y las comunidades microbianas una vez finalizadas las operaciones.
La técnica electrokinética (EKM), desarrollada por la Academia China de Ciencias, que utiliza campos eléctricos para movilizar y recuperar tierras raras con menos desecho químico, es otra de las propuestas defendidas como de menor impacto ambiental, pues reduce hasta un 80% el uso de agentes químicos. Aún no hay evidencias públicas del uso de esta tecnología en proyectos latinoamericanos.
Alam se muestra escéptico sobre la capacidad de estos procesos para prevenir el daño ambiental, especialmente en salares como los que se encuentran en Chile o Argentina: "Los salares son también ecosistemas únicos, con microorganismos extremófilos, fauna adaptada y procesos ecológicos que dependen de la estabilidad hídrica subterránea. La biodiversidad está vinculada a ese equilibrio. Fenómenos como lluvias extremas o sequías prolongadas ya afectan este sistema, y la intervención industrial tiende a amplificar esas variaciones", sostuvo.
El auge de las tierras raras aún se encuentra en sus primeras etapas en América Latina, lo que brinda a los gobiernos una oportunidad única para definir cómo se desarrollará la industria. La aplicación de normas ambientales estrictas, la transparencia en la concesión de licencias, la consulta significativa con las comunidades y la inversión en procesamiento y fabricación podrían determinar si el sector generará beneficios duraderos.
*Publicado originalmente en Dialogue Earth





