Conferencia de Santa Marta: los países acuerdan en que la transición no puede esperar
Una coalición de 57 países lanzó en Santa Marta un proceso para acelerar la salida de los combustibles fósiles con foco en justicia y acción concreta
La transición energética es inevitable. Y urgente. Todos de acuerdo. Al menos es la visión común de los 57 países que participaron en la primera conferencia para dejar atrás los combustibles fósiles en Santa Marta, Colombia.
Aunque puede parecer un número no tan significativo, el grupo de naciones aquí reunidas representa el 30% del PBI mundial y el 30% del consumo de combustibles fósiles. Si se considera que China, Estados Unidos y Rusia, que no fueron invitados, representan más del 50% en ambos conceptos. Nada despreciable.
La dinámica de debates y participación de esta reunión comenzó tras su anuncio en la COP30, en Belém do Pará, Brasil. "Las COP han demostrado una capacidad de diálogo, pero también limitaciones. Una, en relación con cómo el lobby de la industria petrolera ha sesgado los temas que pueden o no incluirse en las COP. Dos, la metodología de consenso (de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático), que ha derivado en un veto de facto frente a países como Colombia, que quieren que se discutan con mayor ambición decisiones que tienen que ver particularmente con combustibles fósiles. Y, por otro lado, hay un tema metodológico que ha sesgado el ingreso de voces desde la sociedad civil", explicó Irene Vélez Torres, ministra de Medio Ambiente de Colombia y figura política central de este encuentro.
Santa Marta albergó a representantes de la sociedad civil, académicos, sindicatos, gobiernos subnacionales, parlamentarios, grupos de género, pueblos originarios, entre otros. Cada uno de estos sectores preparó, durante varios meses, propuestas con los principios que, para ellos, deben incluirse en la transición necesaria. Los documentos finales serán recibidos y trabajados por los líderes de alto nivel y luego entregados en junio, en Bonn, para alimentar las hojas de ruta en las que ya trabajan conjuntamente las presidencias de la COP30 y de la COP31, que se realizará en noviembre de este año, en Turquía.
¿Cuál es, entonces, la diferencia entre este encuentro y una cumbre de cambio climático? La primera es que no se trata de un espacio de la ONU, sino de una conferencia autoconvocada por países convencidos de no sólo de que es posible dejar los combustibles fósiles, sino de que hay que empezar el debate sobre cómo hacerlo. La segunda: que no hay un texto o documento en el que se discutan verbos, puntuación o conceptos. Se trata de una discusión para bajar a tierra cómo hacer ese cambio en los sistemas laborales, productivos, educativos y legislativos que se requiere para que la transición energética sea una realidad. Y algo fundamental: que no repita el modelo del auge de las industrias extractivas. No se trata sólo de un recambio tecnológico. La sociedad también debe participar, estar incluida y ser escuchada. El concepto de salvaguardas, que comprende el involucramiento de la comunidad en la transformación, tampoco se negocia.
Presidente de Colombia Gustavo Petro. Crédito: Ministerio de Ambiente de Colombia
Uno de los roles centrales en el debate es, en tiempos en que las derechas intentan horadarla, el de la ciencia. Economistas, expertos en clima, infraestructura y energía lanzaron el primer Panel Científico de la Transición Energética. "La razón por la que este panel es tan importante es que científicos de todo el mundo, de todas las disciplinas y geografías, unan fuerzas en la transición energética global. Es doble: por un lado, se trata de una transición compleja que tiene que ver con la economía, el medio ambiente, la equidad y elementos fundamentales de justicia. Y, por otro lado, veo a la ciencia desempeñando un rol de puente entre los países que quieren avanzar más rápido en la transición lejos de los combustibles fósiles y aquellos que aún dudan. Es una forma de integrar gradualmente a todos", dijo Johan Rockström, director del Instituto Potsdam para la Investigación del Impacto Climático.
La iniciativa, que tendrá sede en la Universidad de São Paulo, busca generar insumos para la política pública, y estará dirigida por la copresidenta del Panel de Alto Nivel de Expertos en Financiamiento Climático, la camerunesa Vera Songwe; el economista jefe del Instituto de Potsdam para la Investigación del Impacto Climático, el alemán Ottmar Edenhofer; y el profesor de la Universidad Estatal de Campinas de Brasil, Gilberto Jannuzzi.
¿Cómo hacerlo?
El trabajo recién empieza: ya hay una nueva cita para continuar con el complejo debate en Tuvalu el año próximo. Y la COP31 debería empezar a delinear las prometidas hojas de ruta para abandonar los combustibles fósiles y prevenir la deforestación, como se prometió en noviembre pasado. La presidencia brasileña de la COP30 informó que recibió 444 presentaciones formales para esos procesos, incluidas aportes de la Unión Europea, la Alianza de Pequeños Estados Insulares (AOSIS) y el grupo de Países Menos Desarrollados (LDCs).
En el interín, quien sorprendió en Santa Marta fue Francia, al convertirse en el primer país en presentar su propio roadmap. ¿Quiere volver a liderar la conversación climática internacional a una década del Acuerdo de París? Habrá que esperar y ver. Y también revisar y analizar el documento presentado con detenimiento, pero Benoît Faraco, su enviado especial para las Negociaciones Climáticas, fue muy vocal en este encuentro al pronunciarse a favor de una transición urgente y con plazos. A primera vista, dos de las tecnologías que consideraría para su electrificación potencial son la energía nuclear y el hidrógeno verde.
Y es en las soluciones tecnológicas o no tecnológicas para dejar atrás los combustibles fósiles cuando el debate se complejiza. Queda claro, igualmente, que cada país soberanamente podrá adoptar las medidas que crea necesarias, así como utilizar o no los recursos que permitan alcanzar el objetivo.
En este sentido, la expresidenta de Irlanda y miembro fundadora de The Elders, Mary Robinson, planteó: "Necesitamos tres transiciones: abandonar los combustibles fósiles, adoptar energías renovables para todos y construir un mundo que cuide la naturaleza. Todo debe basarse en la justicia. La evidencia científica y el impacto de la guerra en Oriente Medio apuntan a la misma conclusión. Ha llegado el momento y el camino a seguir es la acción conjunta y práctica. Esta coalición de coaliciones puede impulsar estas transiciones con la urgencia que requieren".
"Ningún país es capaz de superar por sí solo su dependencia de los combustibles fósiles", apuntó, por su parte, Stela Herschmann, subdirectora de Política Internacional del Observatorio del Clima de Brasil. Y agregó: "Santa Marta marca el inicio de un proceso que puede lograr muchas cosas, incluyendo la formación de una coalición de fuerzas en todos los foros necesarios donde podamos avanzar para desmantelar las innumerables barreras a la transición, como la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, la Convención Tributaria de las Naciones Unidas, la Organización Marítima Internacional y los bancos multilaterales".
Zonas de vida
La voz de las comunidades indígenas y los pueblos originarios también se hizo escuchar en la conferencia. Varios de ellos han planteado que las hojas de ruta incluyan la creación de "Zonas Libres de Combustibles Fósiles", en las que áreas ecológicamente sensibles quedarían por completo vedadas a la explotación de gas, carbón y petróleo. Este pedido lo hacen, por sobre todo, las comunidades de la Amazonía, un territorio muy expuesto frente al avance de la industria extractiva.
En paralelo, organizaciones indígenas, líderes religiosos y representantes de la sociedad civil presentaron una "Declaración Popular" que reclama un abandono progresivo de los combustibles fósiles financiado mediante reparaciones climáticas que no generen deuda.
Protesta en Santa Marta. Crédito: Fábio Bispo InfoAmazonia
Varios frentes, multiplicidad de organizaciones, distintas rutas y opciones. Alcanzar puntos intermedios y de consenso es lo que viene. La primera parada será la sesión intersesional de junio en Bonn, Alemania, en la que los diplomáticos acuerdan los temas para la cumbre sobre cambio climático de noviembre. Allí se presentarán todas las propuestas y acciones debatidas en el Caribe colombiano.
La segunda parada será la COP31, en noviembre. Y de allí, a Tuvalu, una de las islas del Pacífico que podría desaparecer en algunas décadas si no se actúa frente al fenómeno atmosférico de suba global de la temperatura. El futuro toca la puerta, la rapidez de la acción será la que defina su construcción.
*Este artículo es parte de COMUNIDAD PLANETA, un proyecto periodístico liderado por Periodistas por el Planeta (PxP) en América Latina.