Ambiente y naturaleza
Clima Global

Groenlandia: El Corazón Congelado en la Encrucijada Climática y Geopolítica

Más allá de las ambiciones territoriales, la acelerada pérdida de hielo en la isla incide en el nivel del mar y amenaza con alterar la Corriente del Golfo, con repercusiones directas en el clima de América Latina y Europa.

La isla de Groenlandia, un territorio autónomo perteneciente a Dinamarca, ha pasado de ser un actor geográfico distante a convertirse en un punto neurálgico del debate climático y geopolítico mundial. Las recientes intenciones de anexión por parte de Estados Unidos han puesto el foco en su importancia estratégica, no por sus depósitos de petróleo o minerales, sino por el papel irremplazable que su inmenso manto helado juega en el delicado equilibrio climático del planeta.

El Deshielo Acelerado y el Espejo Roto

El Ártico experimenta un calentamiento hasta tres veces superior al promedio global, una anomalía que impacta directamente en los glaciares de Groenlandia. Esta capa de hielo, el segundo cuerpo de agua más importante después de la Antártida, ha perdido volúmenes extraordinarios de masa. Solo entre principios de la década de 2000 y 2020, la isla se deshizo de aproximadamente 5 billones de toneladas de hielo. El ritmo de pérdida se ha acelerado drásticamente, quintuplicando el promedio anual registrado en los años 90 a más de 250 gigatoneladas anuales en la década de 2010.

Mirá también: El cambio climático descongela Groenlandia y ya existe lucha por las nuevas rutas marítimas del Ártico

Este deshielo contribuye directamente al aumento del nivel del mar a escala global y se estima que la desaparición total de la capa de hielo podría elevarlo más de siete metros, un escenario catastrófico para las comunidades costeras de todo el mundo.

Además, los hielos cumplen una función vital de "aire acondicionado" global: su superficie blanca y brillante (albedo) refleja la radiación solar de vuelta al espacio. La pérdida de superficie helada reduce esta capacidad de reflexión, permitiendo que el océano absorba más calor y acelerando aún más el calentamiento.

El Desafío de la AMOC y el Clima de América Latina

Uno de los impactos más complejos y preocupantes del deshielo de Groenlandia es su efecto sobre la Circulación Meridional de Vuelco del Atlántico (AMOC, por sus siglas en inglés). Esta corriente oceánica a gran escala es esencial, ya que transporta el calor y los nutrientes desde los trópicos hacia el Atlántico Norte, regulando el clima en ambas regiones, lo que la hace vital para mantener un equilibrio de temperaturas en el hemisferio.

Imagen: Pixabay

El problema radica en la diferencia de densidad. El agua dulce que se desprende del hielo derretido tiene una densidad inferior al agua salada, lo que interfiere con la convección profunda y la mezcla de las aguas superficiales con las profundas. Esta ralentización de la AMOC no solo tendría un impacto severo en el clima de Europa, sino también en regiones como América Latina y el Caribe. El debilitamiento de la corriente puede modificar la posición de la Zona de Convergencia Intertropical (ZCI), el cinturón de lluvia responsable de las ondas y tormentas tropicales en Centroamérica y el Caribe, además de influir en los fenómenos de El Niño y La Niña, y potencialmente alterar la intensidad y frecuencia de los huracanes.

Riesgos Latentes en la Explotación de Recursos

El interés por los recursos de Groenlandia, como tierras raras y minerales críticos, choca con una realidad geográfica y climática extremadamente peligrosa. El aumento de las temperaturas está derritiendo el permafrost, el suelo congelado que subyace en la isla. Este deshielo desestabiliza las laderas montañosas que erosionaron los fiordos, volviéndolas propensas a deslizamientos de rocas que, de ocurrir en la costa, podrían generar tsunamis que destruirían muelles e infraestructuras de extracción.

El derretimiento del permafrost también tiene un efecto doblemente negativo: debilita las pendientes y causa daños estructurales en infraestructuras cruciales (como pistas de aterrizaje y bases militares), al tiempo que libera radón, un gas radiactivo que ha permanecido atrapado por milenios, lo que representa un riesgo para la salud humana.

Imagen: Pixabay

Los científicos advierten que la explotación de recursos minerales en un entorno que ya está siendo profundamente alterado por el cambio climático solo serviría para acelerar la inestabilidad y los peligros, demostrando que lo que sucede en el Ártico, en un efecto dominó, no es un asunto lejano, sino una preocupación fundamental para el clima y la seguridad de la vida en todo el mundo.

Esta nota habla de: