Economía
América Latina

"Jugar con combustible, jugar con fuego". El riesgo de agitar el precio de las boletas y los boletos

Los precios de las tarifas de servicios públicos y los combustibles en Argentina lucían muy atrasados hasta la llegada al poder del presidente Javier Milei

Los valores en dólares de las tarifas antes de la asunción a la presidencia de Javier Milei eran sensiblemente menores a los que históricamente pagó la sociedad en materia de electricidad, agua, gas, autobuses, trenes, subtes, nafta y diésel.

La idea de un rápido golpe de mercado para actualizarlos (como está ocurriendo con los hidrocarburos y pasaría pronto con la movilidad pública) implica una serie de riesgos si tomamos como referencia cuatro casos concretos sucedidos en la región durante los últimos años.

Por décadas, Sudamérica no tomó la suficiente conciencia de lo que implica tener electricidad, agua y transporte con costos altamente subsidiados. Con excepción de Uruguay, un país que no tiene prácticamente petróleo, el conjunto del subcontinente rara vez le explicó de manera eficiente a sus ciudadanos el beneficio de ahorrar en el consumo de elementos tan vitales, como ocurre, por ejemplo, en sociedades como las de Europa, Japón e Israel.

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Por ello, a menudo, la llegada de "sinceramientos" tarifarios repentinos a estas geografías terminaron rebelando a sociedades empobrecidas. Concretamente, grupos vulnerables que estaban a flor de piel terminaron protagonizando reacciones explosivas ante los grandes incrementos.

Veamos cuatro ejemplos concretos:

1- Brasil

En 2013, el anuncio de que la tarifa de los buses en San Pablo subiría 20 centavos desató protestas generalizadas que pusieron en vilo al gobierno paulista y luego se extendieron hasta la propia presidenta Dilma Roussef.

Bajo el lema "passe livre", se concentró un profundo enfado hacia la clase política del coloso sudamericano. Se sucedieron las mayores marchas de protesta de la historia del vecino país con millones de usuarios en las calles, ya que los afectados pertenecían a la ciudad más poblada del país.

El "movimiento sísmico" terminó por expulsar del poder a la titular del Planalto y aupó la llegada de un dirigente diametralmente opuesto al Partido de los Trabajadores. El profundo malestar terminó allanando el camino nada menos que a Jair Bolsonaro, un ex militar con propuestas antisistema, un ex militar con propuestas antisistema.

La Jefa de Estado fue eyectada por un impeachment a pesar de haber cedido a la mayoría de los planteos que le formularon.

2- Chile

En 2019, meses antes de la pandemia, una suba importante del valor del ticket de subtes y trenes derivó en un caos social inédito que finalizó en una reforma de la Constitución Nacional pinochetista. Además, el tsunami trasandino motivó el naufragio del segundo mandato del centro derechista Sebastián Piñera.

El Palacio de la Moneda mudó desde el liberalismo clásico hacia duras posturas de izquierda de la mano de un presidente joven y disruptivo: Gabriel Boric.

3- Perú

En 2022, tras el arribo al poder de un outsider como Pedro Castillo (un maestro rural con escasa representación parlamentaria) se registró una grave ola de manifestaciones, paros y bloqueosTodo comenzó con acciones de grupos de transportistas que se oponían al aumento de los precios del combustible. Las subas fueron motivadas por un nuevo impuesto que se aplicó a los hidrocarburos debido a la invasión de Rusia a Ucrania.

Pronto, se sumaron trabajadores agrícolas golpeados por el alza de los precios de los fertilizantes, cabezas de familia indignadas por las subas en los alimentos, docentes descontentos por lo que consideraban abandono de la educación pública y otros colectivos con distintos grados de organización.

Lo que comenzó como una huelga de camioneros mutó hacia protestas multitudinarias y dispersas por toda la nación que arrojaron decenas de muertos y cientos de heridos. 

Tras intentar cerrar el parlamento, Pedro Castillo fue destituido y luego encarcelado.

4- Ecuador

Este año, el país tembló también por graves protestas sociales que surgieron como consecuencia de medidas económicas impopulares propuestas por el presidente Guillermo Lasso. Se trata de otro outsider que tuvo durante sus dos años de gestión un escaso apoyo en el Congreso unicameral.

Durante varias semanas se bloquearon rutas y se afectó gravemente el comercio debido a manifestaciones lideradas por la Confederación de Nacionalidades Indígenas de EcuadorLos principales reclamos incluían un menor precio de la gasolina y el diésel. También, mayores plazos para cubrir deudas con los bancos.

¿Y Argentina?

En nuestro país, el plan "motosierra" de La Libertad Avanza busca soluciones de shock para abordar los fuertes desequilibrios fiscales que recibió en el erario público.

Los subsidios al transporte y la energía representan actualmente más de diez mil millones de dólares anuales destinados a políticas de asistencia a usuarios y pasajeros.

Por ejemplo, en Buenos Aires, un viaje en subterráneo cuesta alrededor de 8 centavos de dólar, mientras que en Santiago de Chile, el precio es de alrededor de un dólar, doce veces más caro. En Lima, Perú, un viaje en autobús cuesta alrededor de cincuenta centavos de la divisa norteamericana y en Río de Janeiro el precio de los subterráneos se ubica en alrededor de un dólar.

En las ciudades del interior de la Argentina, los pasajes suelen ser dos, tres y hasta cuatro veces más caros que en la Capital Federal.

Según un informe de IERAL (Fundación Mediterránea), en 2023, el 80 % de los subsidios fue destinado al AMBA y apenas el 20% restante se repartió en el interior del país. 

De acuerdo a datos de AAETA (dueños de los colectivos), si no existieran los subsidios, el valor del boleto de colectivos en el AMBA (CABA y GBA) debería ser de $797 pesos, alrededor de un dólar a valor oficial.

¿Cómo logrará el presidente Javier Milei hacerles entender a los habitantes del principal conglomerado urbano de la Argentina que el transporte ya no tendrá un precio testimonial? ¿Cómo logrará que, a partir de enero o febrero de 2024, ocurra algo similar con las boletas de Edenor, Edesur, Edelap, Metrogas y Aysa?

El problema generalizado de LATAM es mixto. Por un lado, los habitantes empobrecidos no soportan más aumentos de precios, por otro, no se resignan a bajar sus niveles de consumo. Tal es así que los aumentos de las tarifas provocan reacciones populares que incluso terminan con los gobiernos. No se ha entendido aún el enorme compromiso con el ambiente que significa moderar los consumos de agua y energía. Cuando se habla de ambiente, el discurso tiende a proponer un cambio, pero llegado el momento, cada uno defiende su status quo. Se debe tener conciencia que el costo ambiental de derrochar recursos tiene un costo ambiental muy alto, además de un elevado costo económico.

Tal vez el único servicio que debería seguir subsidiado es el del transporte público de pasajeros que, al ser colectivo, favorece la disminución de las emisiones, aunque esto implica además un recambio de las flotas de transporte para que se utilicen unidades que no dependan de los combustibles fósiles para su funcionamiento. Probablemente, sería razonable otorgar beneficios impositivos para la compra de electrodomésticos más eficientes o para la construcción de edificaciones que permitan el ahorro de energía. 

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"Sin miedo, no hay fe" dijo Umberto Eco en su obra "El nombre de la rosa". El sinceramiento tarifario podría ayudar a la toma de conciencia en materia de ahorro de recursos, pero, como hemos visto, los riesgos del descontento social deben ser tenidos en cuenta a la hora de asignar las dosis de realismo, tal vez el plan debería partir de una mejor educación de la población. 

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