El huemul, ícono de la Patagonia, reaviva el debate sobre el rewilding
Los esfuerzos por recuperar el huemul en Chile y Argentina reavivan discusiones científicas y sociales sobre la reintroducción de especies amenazadas
Cuando Newenche, un joven huemul (Hippocamelus bisulcus) cruzó los picos andinos desde Chile hacia Argentina, sin manada ni pareja, estaba trazando, sin saberlo, la hoja de ruta para la conservación del siglo XXI. Su aparición en el Parque Nacional Lanín a principios de 2025 fue calificada de histórica: en esta zona de la Patagonia argentina, la especie se consideraba prácticamente desaparecida, tras décadas sin registros visuales más allá de unas pocas huellas halladas en 2006.
Un año después, Newenche sigue allí. Originario de América, el huemul es el ciervo más amenazado del continente, con una población estimada de entre 1.500 y 2.000 ejemplares. El viaje de Newenche ha reavivado un debate científico y ético que divide a la región: ¿debemos limitarnos a proteger los pocos ejemplares que quedan o es hora de intervenir activamente en la naturaleza para recuperar lo perdido?
Rewilding y los riesgos de la intervención
En muchos sentidos, el huemul sobrevivió a los Andes, pero no al contacto con los humanos.
"Es un animal extremadamente confiado que no le tiene miedo al hombre", cuenta Sebastián Di Martino, director de Conservación de la Fundación Rewilding Argentina (FRA). Esa característica, junto con la cacería indiscriminada, la competencia con el ganado vacuno, las enfermedades transmitidas por ese mismo ganado y los ataques de perros, diezmó las poblaciones de huemul a lo largo del siglo XX. La progresiva urbanización de los valles y su uso para actividades agropecuarias redujeron su hábitat y aislaron a los núcleos familiares. Los científicos calculan que hoy sobrevive apenas el 1% de los huemules.
Para algunos conservacionistas, esa historia justifica la intervención. Eduardo Arias, director de conservación de la reserva biológica de Huilo Huilo, en Chile, sostiene que esperar ya no es una opción: "En situaciones tan sensibles llegó la hora de no ser tan contemplativos y tomar la conservación activa como una herramienta en serio". Huilo Huilo comenzó a criar huemules en cautiverio en 2005: partieron de una pareja y añadieron otra hembra al año siguiente. Una década más tarde, Chile autorizó las primeras sueltas en libertad. Hoy en día, según Arias, unos 50 huemules viven en libertad y forman siete grupos familiares.
Newenche, por ejemplo, es hijo de Tralca, uno de los machos liberados en 2016.
Este enfoque, conocido como "rewilding" o restauración activa propone la reintroducción deliberada de especies en lugares donde fueron exterminadas para sanar los ecosistemas. Sigue siendo objeto de una gran controversia. Los detractores sostienen que el traslado de animales no es simplemente una solución técnica, sino una intervención profunda en sistemas complejos que quizá ya hayan llegado a un punto de no retorno.
Una huemul hembra en el Parque Nacional Torres del Paine, en Chile, fotografiada en 2014. Los científicos estiman que hoy en día apenas sobrevive el 1% de la población original de esta especie (Imagen: Joao Barcelos / Alamy)
Los defensores del rewilding se dividen, a grandes rasgos, en dos bandos: por un lado, están aquellos que quieren "dejarlo todo tal y como está"; por otro, los que creen que el daño causado a los ecosistemas es tan grande que, como dice Di Martino, "es imposible imaginar que la naturaleza se recupere por sí sola, como por arte de magia".
Entre los defensores siguen existiendo divisiones, sobre todo en lo que respecta a la relación entre el ser humano y la naturaleza. Algunos defensores parten de la idea de que los ecosistemas "salvajes" deben funcionar sin presencia humana. "Nuestra fundación quiere regenerar ecosistemas completos y funcionales, que cuenten con todo lo que tenían en su día y, a partir de ese momento, continúen su evolución hacia donde sea necesario", explica Di Martino.
Otros señalan las complejidades -o incluso la imposibilidad- de separar a los seres humanos de la naturaleza. "La mayoría de las áreas protegidas están rodeadas de zonas productivas", afirma Alejandro Valenzuela, investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina (Conicet). "Lo que se está creando es algo más lindo, pero bastante similar a un zoológico, ya que carece de continuidad biológica o geográfica. Las especies carecen de conectividad y todos los individuos se convierten en parientes de unos pocos progenitores".
Hay quienes cuestionan el impacto del rewilding en las comunidades rurales. Sus defensores sugieren que el turismo de naturaleza podría constituir una nueva fuente de ingresos para los habitantes de las zonas en las que se reintroducen especies. Sin embargo, otros sostienen que puede provocar la despoblación rural y, en su lugar, abogan por soluciones integrales que tengan en cuenta los factores socioeconómicos.
Las objeciones no son solo filosóficas o sociales, sino también técnicas. "La manipulación de animales es muy difícil y se corren demasiados riesgos. Debe llevarse a cabo respetando las pautas mínimas que establece la UICN [Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza] y, al menos en Argentina, no conozco ningún proyecto que las cumpla", opina Valenzuela.
Un huemul macho con un collar de seguimiento satelital en 2022 en el refugio privado Río Toro, provincia de Santa Cruz, Patagonia argentina (Imagen: Franco Bucci)
Biólogo y especialista en fauna de la Administración de Parque Nacionales en Argentina, Hernán Pastore enumera esos criterios: evidencia sólida de que la especie existió en el lugar; comprensión de las causas de su desaparición; evaluación de si el ambiente actual sigue siendo adecuado; cercanía genética de los ejemplares a introducir; y garantías de que la población de origen no sufra daños irreversibles.
Di Martino afirma que Rewilding Argentina sigue las directrices de la UICN.
Valenzuela añade otros factores clave, como la participación de las comunidades locales, la conectividad biológica para evitar la endogamia y los tiempos necesarios para evaluar la viabilidad de cada proyecto. "Muchas veces se prioriza el impacto mediático o turístico por sobre los procesos ecológicos", advierte.
Intervenir en ecosistemas alterados
Situado junto al lago Fontana, en los bosques andinos en el sureste de la provincia argentina de Chubut, se encuentra el centro de cría del Proyecto Shoonem. Se trata de la única instalación del país autorizada para trabajar con huemules. Inaugurado en octubre de 2018, este espacio de 100 hectáreas cuenta actualmente con cuatro hembras, dos machos y cinco juveniles que viven en semicautividad. Su director, el biólogo suizo Werner Flueck, sostiene que la incapacidad de la especie para recuperarse no se debe únicamente a la caza o a la pérdida de hábitat, sino a alteraciones ecológicas más sutiles. Por ejemplo, la deficiencia de oligoelementos en su dieta, como el selenio y el yodo.
El lago La Plata, en la provincia de Chubut, en la Patagonia argentina. El centro de cría Shoonem, que opera en esta zona, es el único de este tipo autorizado para trabajar con los huemules de Argentina (Imagen: Gabriel Rojo / Alamy)
Según Flueck, hasta hace unos 150 o 200 años los huemules descendían a las estepas patagónicas durante el invierno y regresaban a la cordillera en verano. Hoy, ese patrón migratorio está interrumpido, lo que los mantiene aislados en ambientes montañosos de menor calidad nutricional, lejos de los valles fértiles y tierras llanas. "La invasión humana de los valles y llanuras más productivos ha obligado a los huemules a vivir como refugiados durante todo el año en las remotas alturas de la cordillera de los Andes, donde las condiciones nutricionales son peores", afirma.
Los estudios realizados por Shoonem sobre los huesos de huemul han puesto de manifiesto cambios en el cráneo y los dientes, provocados por los bajos niveles de yodo y selenio en sus nuevas zonas de pastoreo de altura. Estos cambios han mermado su capacidad para buscar alimento y evadir a los depredadores. Esto, a su vez, ha contribuido a la baja edad media de los huemules adultos en la región, lo que ha provocado la disminución de las poblaciones. Con acceso a los brotes leñosos y herbáceos de la estepa durante el invierno, estos huemules podrían, en teoría, compensar tales deficiencias.
Di Martino sostiene que limitar la conservación a las zonas altas es un error: "Habría que facilitarles la subida y bajada en distintas épocas del año o empezar a repoblar los lugares donde vivía antes. En los congresos binacionales [entre Chile y Argentina] ya se discute la creación de corredores biológicos".
Lecciones aprendidas
Las reintroducciones exitosas de especies no son algo inédito en Sudamérica. Un ejemplo es el regreso del yaguareté (Panthera onca) en los Esteros del Iberá, en la provincia de Corrientes, en el noreste de Argentina. El primero fue liberado allí en 2021; hoy en día, 50 yaguaretés viven en libertad en la isla San Alonso.
Agustín Paviolo, investigador independiente del Instituto de Diversidad y Ecología Animal de la Universidad de Córdoba, integra el equipo que evalúa las consecuencias que esta reintroducción está generando en el ecosistema. "La respuesta en la cadena trófica ha sido rápida y nos está impresionando", dijo.
Un carpincho en Corrientes, en el noreste de Argentina. Tras la reintroducción de yaguaretés en los Esteros del Iberá a partir de 2021, la población de carpinchos se ha reducido en un 80%. Esto está permitiendo que los ecosistemas se recuperen del pastoreo excesivo (Imagen: Matthew Williams-Ellis Travel Photography / Alamy)
El número de carpinchos (Hydrochoerus hydrochaeris), su presa preferida, descendió en un 80% y también cambió su comportamiento, ya que comenzaron a evitar lugares donde posiblemente puedan ser cazados. Asimismo, el efecto en cascada se nota en la vegetación: "Se han recuperado los pastizales y están casi desapareciendo áreas de césped donde pastoreaban las manadas de carpinchos". Todavía sin datos confirmados, también el número de zorros estaría disminuyendo, lo que a su vez se reflejaría en un aumento en la tasa reproductiva de las aves que tienen sus nidos entre la vegetación.
Para los defensores de la intervención, estos resultados demuestran cómo la reintroducción de especies puede remodelar los ecosistemas alterados por la actividad humana. Para los detractores, revelan lo difícil que resulta predecir o controlar dichos procesos. Oostvaardersplassen, en los Países Bajos, es un claro ejemplo. En la década de 1980 se reintrodujeron allí ciervos, caballos y ganado. Sin embargo, tras un invierno especialmente duro en 2017, miles de ellos luchaban por sobrevivir y tuvieron que ser sacrificados.
Preparar el territorio
La UICN señala que eliminar las amenazas que provocaron la desaparición de una especie es un requisito indispensable para cualquier proceso de rewilding. En Huilo Huilo, antes de liberar huemules, se retiró el ganado bagual, se zonificó el territorio, se reforzó la vigilancia y se trabajó intensamente con comunidades locales y escuelas. "Eso generó un cambio muy fuerte de mentalidad en estos 20 años", asegura Arias.
Algo semejante ocurre en el parque Nacional Lanín en Argentina. Desde 2023, a partir de la noticia de la liberación de huemules en Chile, las autoridades avanzan en el control del ganado, la gestión de perros, el ordenamiento del uso turístico y estrategias de educación ambiental. "Un bosque sano debe tener un estrato herbáceo, un estrato intermedio con matorrales, un estrato de árboles jóvenes y, por último, árboles maduros", afirma María Rosa Contreras, coordinadora del proyecto de recuperación del hábitat. "Todo eso estaba siendo alterado por el ganado".
Añade que las personas también deben volver a tomar conciencia de la importancia de este animal a través de la educación ambiental: "Buscamos que la población recupere la memoria social y recuerde que el huemul es nuestro ciervo nativo", explica.
La llegada de Newenche, su permanencia en la zona y hasta su paseo ocasional por San Martín de los Andes es objeto de una estrecha vigilancia. La llegada o no de otros ejemplares determinará si la reintroducción de especies acelera la recuperación o sigue siendo un experimento. Por ahora, Newenche espera en soledad.





