Política
Negacionismo climático

Negar lo innegable y gobernar: ejemplos de jefes de Estado que relativizan el cambio climático

¿Qué pasa si quienes tienen que tomar las decisiones que definen el destino de una Nación eligen ignorar el desafío más grande al que se enfrenta la humanidad?

Abogada y diplomada en el Programa de actualización de Políticas Públicas y Cambio Climático. Autora del libro "Una vida sustentable"

El cambio climático requiere compromiso y acción por parte de los líderes mundiales, pero ¿qué pasa cuando eligen negar o relativizar la crisis ambiental?.

Durante las últimas semanas, en muchos espacios se está hablando de negacionismo climático, motivados por las expresiones del candidato a presidente Javier Milei, así como también de muchas de las personas que lo acompañan en el espacio de La Libertad Avanza.

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Para darnos una idea del riesgo del negacionismo desempeñado por jefes de estado podemos pensar en algunos ejemplos a nivel global.

Donald Trump (Estados Unidos)

Fuente: Wikipedia. De Shealah Craighead - https://www.whitehouse.gov/people/donald-j-trump/ (archive), Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=63768460

En diciembre del 2017, a poco tiempo de asumir la presidencia de Estados Unidos, el mandatario anunció que "Estados Unidos ya no considera que el cambio climático sea una amenaza para la seguridad nacional". Como consecuencia lógica de ello, durante su gobierno se desplegaron una serie de políticas perjudiciales para la protección del ambiente.

Una de las medidas más conocidas que adoptó Trump en términos ambientales fue abandonar el Acuerdo de París, instrumento que constituye un hito en materia ambiental y en el cual las partes establecen la meta de no superar los 1.5°C /2°C de aumento de la temperatura media global respecto de la era preindustrial.

Según un artículo de The New York Times basado en investigaciones de la Facultad de Derecho de Harvard y la Facultad de Derecho de Columbia, casi 100 normas ambientales fueron oficialmente revertidas o revocadas bajo el gobierno de Trump.

La mayor parte de los retrocesos fueron ordenados a la Agencia de Protección Ambiental, que debilitó los límites de la era Obama sobre las emisiones de dióxido de carbono correspondientes a las centrales eléctricas, automóviles y camiones. Además eliminó las protecciones de más de la mitad de los humedales del país y retiró la justificación legal para restringir las emisiones de mercurio de las centrales eléctricas.

Por otra parte, se relajó la protección de la vida silvestre y se debilitaron los requisitos ambientales para los proyectos de extracción de petróleo, lo que permitió ampliar el territorio adjudicado a la actividad.

En ese contexto, desde los grupos ambientalistas se denunciaba que las medidas desreguladoras de la administración Trump aumentarían significativamente las emisiones de gases de efecto invernadero durante la próxima década y provocarían miles de muertes adicionales por la mala calidad del aire cada año.

Jair Bolsonaro (Brasil):

Fuente: Wikipedia. De Isac Nóbrega/PR - Flickr do Palácio do Planalto, CC BY 2.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=78378118

El ex- presidente de Brasil, cuestionó la magnitud del cambio climático y promovió la explotación de recursos naturales en la Amazonía y otras áreas protegidas. Durante su presidencia hubo un aumento significativo en las tasas de deforestación y degradación. La deforestación de tierras públicas en esa zona se incrementó en un 56,6% en promedio por año desde 2019. Hasta finales de 2021 se destruyeron 32.000 km², es decir, el equivalente a la superficie que ocuparían 21 ciudades de San Pablo. La principal causa es la tala indiscriminada y la construcción de caminos ilegales como resultado de la minería, y la usurpación de tierras para la agricultura.

En un artículo del investigador brasileño Thiago Kanashiro Uehara se afirma que "la presidencia de Bolsonaro ha sido terrible para el movimiento climático de Brasil", ya que "No sólo han aumentado las emisiones, sino que el crecimiento económico asociado ha beneficiado a los propietarios de grandes empresas o a los consumidores occidentales que aprovechan las importaciones baratas, en lugar de a las poblaciones brasileñas locales o indígenas". Según este mismo artículo, Cuando Bolsonaro asumió el cargo, el Ministerio de Relaciones Exteriores eliminó su División de Cambio Climático, que hasta entonces había encabezado los esfuerzos climáticos de Brasil en la ONU. Ernesto Araujo, quien fuera Ministro de Relaciones Exteriores, argumentó que faltan pruebas científicas sobre las causas del calentamiento global y dijo que los defensores del cambio climático estaban atizando el alarmismo con fines políticos como parte de una conspiración de izquierda contra Estados Unidos y Brasil, cuya soberanía está bajo ataque.

Por todo lo dicho, no es sorprendente que Brasil no haya cumplido su compromiso de 2020 de reducir la deforestación en la Amazonía en un 80% respecto de los niveles de 1996-2005. Esto es importante en el marco de su última contribución determinada a nivel nacional (NDC) presentada a la ONU, la cual incluye el compromiso de poner fin a la deforestación ilegal para 2028.

Vladimir Putin (Rusia):

Fuente: Wikipedia. De Kremlin.ru, CC BY 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=133458398

La postura de Vladimir Putin respecto del cambio climático es similar a la de los anteriores. En distintas ocasiones manifestó que el cambio climático no puede ser atribuido exclusivamente a las actividades humanas, tal como sucedió durante su conferencia de prensa de fin de año en Moscú, el 19 de diciembre de 2019 cuando dijo "Nadie sabe a qué se debe el cambio climático mundial. Sabemos que nuestro planeta ha vivido periodos de calentamiento y de enfriamiento y esto puede depender de un proceso en el universo".

Como consecuencia de esta postura, a lo largo de los años, se tomaron distintas medidas de desregulación ambiental. Por un lado, se relajaron las regulaciones sobre la gestión y eliminación de residuos tóxicos y peligrosos. Además en 2013, se aprobó una revisión de la Ley Federal de Protección de la Naturaleza en Rusia la cual redujo las multas por violaciones ambientales y permitió que las empresas que cometieran infracciones leves eviten sanciones legales. A su vez, se ha facilitado la aprobación de proyectos industriales y de infraestructura al reducir los requisitos de evaluación de impacto ambiental y permitir una mayor flexibilidad en la aprobación de proyectos de desarrollo.

Si hablamos de Putin, no podemos dejar de mencionar la guerra con Ucrania. En un contexto de crisis climática, una nueva guerra era lo último que necesitaba nuestro planeta (y la humanidad). Más allá de las perdidas humanas y de las trágicas consecuencias que implica este conflicto bélico, me permito considerar también las consecuencias ambientales del mismo. Tal como se expone en un artículo del diario "El Mundo", para mediados del 2022 "unos tres millones de hectáreas de bosque han sufrido el impacto de los combates (...) Las pérdidas por contaminación de la tierra, del agua y del aire se estiman en 45.000 millones de euros. Más de 33 millones de toneladas de CO2 se han emitido a la atmósfera en el primer año de la guerra". A esto agrega que "Un total de 1,24 millones de hectáreas de espacios protegidos han sido afectados por la guerra. Más de 160 reservas naturales, dieciséis humedales y dos reservas de la biosfera están amenazados de destrucción". En términos de biodiversidad, se resalta que "unas 600 especies de animales y 880 especies de plantas autóctonas están en peligro de extinción. La actividad bélica en el Mar Negro puede haber causado la muerte de miles de delfines. Se estima que la guerra ha podido provocar también la muerte o desaparición de hasta seis millones de animales domésticos".

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Lamentablemente, estos no son los únicos casos de jefes de estado que niegan o relativizan el cambio climático, sino solo tres de los más elocuentes. El cambio climático como desafío requiere acción y compromiso por parte de todxs, principalmente de quienes nos gobiernan. Y aunque parezca que la problemática ambiental es tal solo un detalle en comparación con la variable económica, no existen negocios rentables para una humanidad extinta.

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