El calor extremo azota las sedes de la costa este de Norteamérica. Mientras los futbolistas enfrentan una competencia físicamente desigual por la falta de infraestructura adaptada, la afición sufre las consecuencias de temperaturas extremas fuera de las canchas. Una preocupante radiografía de la vulnerabilidad del fútbol ante un planeta que sobrepasa sus límites.